ElJuego


El juego.

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Ella impasiblemente resistió la fusta sin una lágrima.
Al igual que una gran Dama sabía recibir el castigo,
como una humilde esclava.
Dirigiéndose al perro que la servía.
Altanera y orgullosa,
le dedicó una sonrisa.
El humillado y servil bajó la cabeza.
Ella le respondió severa pero cariñosa.
Para saber disciplinar hay que conocer la disciplina.
El juego había terminado pero los perros un día mas.
Habían recibido una lección…
El castigo es a veces poco necesario si el perro es rebelde.
A veces es más didáctica la disciplina acompañada de un buen ejemplo.
Le espetó su Señora.
Si Ama lo entiendo.

sumisope

Tentación.


Tentación. 
Capítulo IX.

Eva hacía uso del látigo con una natural frecuencia en el cuerpo de Juan y gustaba de presenciar cómo le humillaba su pareja, que hacía uso de él como si fuese un muñeco. siendo penetrado sin conmiseración alguna, al tiempo que por puro placer ella le azotaba una y otra vez.
Era el último fin de semana que estaría a su servicio. Cuando Eva le comentó por primera vez amablemente.
Deberías olvidarte de Olivia.
No tiene intención ninguna de seguir domándote.
Yo. Aunque no me enamorare de ti, al menos me preocuparé, de que te jodan y de vez en cuando permitiré que me des placer.
Mirándole a los ojos con cierto interés le dijo.
Te preguntarás porque aguantas esto.
Te diré que la respuesta la hallarás dentro de tus pensamientos.
Entenderás que tu sumisión es innata en ti, necesitas que te amen y eres capaz de dar más que recibir. Pero a pesar de tu valentía no eres capaz de reconocer quien te desea.
Ambos se miraron como nunca lo habían hecho. Solo había quizá dureza en el rostro de ella, pero captó su sinceridad, en el fondo inexplicablemente le cautivaba.
Bueno ya vale de sentimentalismos.
Cumple con tus obligaciones domésticas.
Fue el fin de la corta charla.
A las quince horas en punto me sirves la comida.
Cumpliendo las ordenes de la Dueña, esperó a que terminase de comer, para dar cuenta más tarde, él de las sobras.
Notaba que había perdido peso, pero su cuerpo resultaba esbelto quizá más que antes de la experiencia como perro de Eva. Sus pectorales estaban algo marcados y su castidad forzada, le pedía a gritos vaciarse, pero la perversa sonrisa de la dueña lo impedía y a base muchas veces de correazos, esta lograba regalarle más sufrimiento.
Pronto debería tomar la decisión de ser propiedad de la Dama si esta lo deseaba.
Aquel lunes su presencia ante Eva en la oficina era menos embarazosa, se sentía cómodo trabajando a su lado y ella empezaba a sonreírle, pero no debía tomar más confianza que la debida ya que su descaro podía desencadenar la ira de la Dueña.
Esta se acercó a él para susurrarle al oído.
Luego hablaré con Olivia sobre tu destino.
Marchándose alegremente de su lado.

Sumipe.

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La Tentación. Capítulo. V


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La tentación.

Bastaron unos segundos para las presentaciones de rigor. Eva era la directora financiera. La jefa directa de Juan.
Era una mujer en la cuarentena, de mediana estatura, morena con un cuerpo esbelto. En la vida diaria representaba a la clásica ejecutiva seria que todos podemos conocer. La acompañaba Marisa. Su secretaria, una joven rubia, delgada y con un cuerpo espectacular.
Eva cogiendo la voz cantante, presentó a los dos varones que las acompañaban, resultaron ser dos apuestos chaperos contratados para la ocasión, siendo esto un motivo de chanza para las tres mujeres.
Eva llamó a Juan.
Ven que te veamos putita.
Juan rojo de vergüenza acudió a la llamada.
Mira como tiene la colita de abultada, exclamó dándole un tirón a su pene, que le resultó muy doloroso.
No llores que todavía no te hemos dado lo tuyo.
Se dio media vuelta y se acomodó en el tresillo para deleitarse con la función.
La perversidad de Eva le dolía, pero sin embargo le producía una excitación maravillosa. En su cabeza se quedaría grabado a fuego sus palabras. Esperando ansioso su próximo futuro.
Las mujeres charlaban entre ellas ignorando a los chaperos, mientras Juan de rodillas junto a Olivia soportaba el dolor que le producían sus pezones pinzados.
A una seña de Eva entre el jolgorio y las risas de Marisa los chaperos se desnudaron ante ellas. Se notaba que estaban duchos en el arte de hacerlo en público.
Los contemplaron divertidas y dirigiéndose a Juan Eva le informó.
Son tu regalo putita.
Ves y empieza a chupársela al de la derecha.
Empieza inmediatamente.
Fue ya la orden siguiente.
El primero se dejó hacer, empalmándose rápidamente. Pero por expreso deseo de Olivia no eyaculó. El segundo con extrema crueldad, se la metía y sacaba de la boca bruscamente y también de vez en cuando recibía alguna bofetada para disuadirle de no tragar el semen.
Pronto un chorro de la sabia del chapero llenaba su boca.
Juan sentía miedo, asco, pero descubría algo que llevaba dentro.
Era el deseo de su Dueña y el la deseaba.
Luego las tres mujeres se colocaron los arneses y rompiéndole su creída virilidad, dejaron paso a los chaperos que fueron lo suficientemente prácticos, corriéndose dentro de él.
Después se marcharon todos dejándole solo, tirado sucio y llorando desconsoladamente.
Más tarde sentiría quizá el primer gesto tierno de su Dueña.
Acercándose a él. Le limpió el rostro con una toalla, diciéndole con cierta ternura.
Vístete y márchate a descansar.
Mañana te llamo.

Sumiso pe. 

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La tentación capítulo IV


Tentación.

747_160No podía entender cómo era capaz de dejarse vejar por Olivia, La joven le atraía desde siempre pero no esperaba que tuviese esos gustos tan especiales. En circunstancias normales hubiese sido feliz haciéndola el amor, mimándola e incluso cediendo ante su voluntad, pero nunca de esta manera tan escabrosa.
A las nueve en punto estaba en la puerta del apartamento de Olivia. Tocó el timbre y espero cinco interminables minutos a que le abriese la puerta.
Entra.
Fue el lacónico saludo.
Acababa de salir de la ducha, su cabello estaba húmedo, por lo que le dió el secador, ordenándole que se lo secase.
Juan lo hizo con primor hasta que escuchó.
Basta idiota.
Se dio la vuelta y le gritó.
Ponte en pelotas perro.
Comenzó a desnudarse con premura hasta quedarse desnudo ante ella.
Esta le revisó de arriba abajo para terminar criticando lo que veía.
Valla mierda de pene el que tienes, espero que tu culo reciba bien el de otros.
Con mirada suplicante, la rogó que no le hiciese estar de esa manera delante de sus amigas.
Con una cruel sonrisa en su rostro.
Le preguntó.
¿Es esa tu pena?
Vendrán con sus parejas. Las he pedido que me presten a sus hombres para cruzarte. Y por cierto, no vuelvas a cuestionar mis órdenes.
Si no te gustan estás a tiempo de vestirte e irte.
De acuerdo.
Contesta perra.
Si. Estoy de acuerdo.
Más fuerte. Estoy de acuerdo Señora.
Así está mejor.
Vete al baño y maquíllate.
Te pintas los ojos, los labios. Te pintas las uñas de los pies y de las manos, ponte mis braguitas sucias y el sujetador que hay al lado.
Pasadas dos interminables horas de rodillas de cara a la pared sonó el timbre, su corazón le daba vueltas, notaba que estaba a punto de estallar, pero su pene se abultaba peligrosamente.
Olivia se dirigió a él.
A qué esperas para recibir a mis invitados. Joder te estas poniendo a cien.
Habrá que bajártela rápidamente.
No por favor.
Venga. Y a continuación recibió dos inesperadas bofetadas que le devolvieron a su realidad.
Abrió la puerta, rojo de vergüenza, empalmado y sin el control de su mente, se acercó a besar a su compañera.
Que haces guarro y recibió otra bofetada entre las risas de todos.
A una señal de su Dueña se fue de nuevo al rincón de cara a la pared, mientras esta recibía a sus invitados.

Sumisope.

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Continuará.

firma

Tentación. Capítulo III


Tentación.

Juan no llegaba a comprender la actitud de Olivia y menos su reacción ante la barbaridad que le estaba exigiendo, pero inexplicablemente se sentía liberado, como persona y aún más como hombre.705_1000
Las horas pasaron cuando apareció su futura Dueña. Casi ignorándolo le ordenó que se vistiera y no volviera hasta que ella lo llamase. Quizá no lo hará nunca más pensó el joven, sintiéndose aliviado, pues no sería capaz de no obedecerla. Además de no desear de  volver a sentirse humillado.
Pasó el resto del fin de semana y llegó la hora de volver a la vida diaria. Acudió como siempre a la oficina, impecablemente vestido, encontrándose a Olivia ya en su mesa de trabajo.
No obviando como su corta falda hacia que sus torneadas piernas lucieran aún más y su rostro muy bien maquillado la hiciese estar francamente bonita.
Esta se levantó de su butaca y le dijo divertida.
No me mires más las piernas.
No tienes ningún derecho a hacerlo si yo no lo deseo.
¿Qué tal el fin de semana?
Bien le contestó avergonzado.
Atreviéndose a preguntarla.
Y tú.
Normal como siempre.
Le contesto cínicamente.
Por cierto, no me tutees, ni hables sin mi permiso. Solo lo imprescindible para poder trabajar.
A lo largo de los días la relación en el trabajo empezaba a ser embarazosa para Juan. Dándose él cuenta además de cómo ella disfrutaba martirizándolo con sus miradas. Por fin llegó el viernes.
Vienes a desayunar con nosotras le preguntó alegremente.
Asintió y se dispuso a tomar café con tres compañeras incluida Olivia, hasta que se quedaron solos.
He quedado con Eva y Marisa para comer mañana en mi casa.
Así que te necesitaré.
Le ordenó a bocajarro.
Te quiero ver a las nueve de la mañana en mi casa.
Y se marchó con un gesto casi burlón.
En cierto punto respiró con alivio, le apetecía verla, sobre todo tan sexy como el otro día, pero claro sería una comida entre compañeros, no habría oportunidad de jugar a nada especial.
Aquella noche no pegó ojo, pensando en el nuevo encuentro.

Sumiso pe.

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Continuará.

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Desobediencia


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Desobediencia

A lo largo de mi sumisión he comprobado que el deseo de ser sometido pervive a través del tiempo, solo se para, arranca y vive de manera innata dentro del mí.

Después de un tiempo sin ser inspeccionado por mi Dueña. Comprueba que he descuidado mi total depilación, esto la enoja en exceso y decide tomar decisiones rápidamente.

Antes de ser castigado, me desnudo totalmente y en su presencia procedo a rasurar mis genitales, después la cera hará su papel sobre el resto del cuerpo, el ano lo depilará sin muchos miramientos pero escrupulosamente La Diosa. Después purificado y limpio me coloco la jaula en mi pene par observar estricta castidad hasta nueva orden.

Permanezco todo el día desnudo sirviéndola, al tiempo que me solicita diversos utensilios para el castigo, hasta que estime aplicarme una tunda con la temida vara.

Conociendo que ella se ha disgustado en gran medida. Lo que más me duele es haber descuidado mi aspecto con lo que la he provocado un disgusto. Recibiré el castigo, esperando que sea lo suficientemente ejemplar con la convicción de que lo merecía irremediablemente.

Mi total abandono a sus deseos me llena de ardor transformando mis deseos en súplicas, estos me son devueltos en dolorosas respuestas para que no olvide que mi sumisión es para siempre.

A sus pies mi Ama.

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Las Diosas.


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Las Diosas

Las luces de las velas jugaban con el resto del color de la sala, el fuego en la chimenea calentaba la desnudez del esclavo. Mientras  su Dueña charlaba alegremente con una Ama amiga. Este las servía con la devoción  exigida.

Quizá en ese momento le doliese que su cuerpo expuesto vergonzantemente no le perteneciese  pero debía ser así, el orgullo se cura con humildad y la valentía del sometido reside precisamente en entregar todo a su Dominante. A un gesto de de la bella invitada, a cuatro patas lamía sus pies, mientras la conversación continuaba animadamente entre ambas Damas, su quehacer era ya una agradable tarea.

Me sentía abandonado a mi suerte mientras mi lengua lamía y masajeaba  los pies de la Señora, obteniendo el placer al final deseado.

Con una voz autoritaria y firme le ordena que le traiga la fusta negra, dilucidan ambas, decidiendo  que será la negra de cuero. La anfitriona cede el puesto a su Amiga y mis nalgas comienzan a tomar color, las suplicas animan a que la Domina cargue su deseo logrando que el castigo sea más placentero para ambas.

Con un sonoro bofetón la anfitriona me ordena que exponga de nuevo mi trasero, siendo la vara la que roture mi piel. Más tarde entre la satisfacción cumplida de ambas Diosas, soy vuelto a encadenarme a sus deseos para de nuevo colmarlas de placer. El goce las llega a raudales, terminan bebiendo mi sabia hasta vaciarme. Simplemente acato sus deseos, entrego mi cuerpo y alma recibiendo el trato deseado, después llega la pausa recibiendo simplemente un beso como premio a mi  sometimiento.

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La Diosa y el esclavo.


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La Diosa y el esclavo

Este relato quizá sea un sueño pero es el reflejo de lo que puedo llegar a sentir cuando una Diosa me lo demanda.

Me ha poseído brutalmente, a su manera con dureza y pasión, ahora yazco a sus pies, desnudo de lujuria, pero lleno de deseo por vivir dentro de ella.
Usted lo sabe. Pero quiere continuar con su juego de poder y para eso hay que juntar dolor con deseo, ambos sabemos que el gozo hay que crearlo para luego beberlo.
Pasan los minutos. Tiempo colmado de silencio en el que fraguamos nuestro anhelo de placer. Se incorpora me toma por mi cabello y con un sutil gesto me ordena beber en su sexo. Libo cual golosa abeja. Su rostro refleja sensaciones nuevas, disfruta y me suelta.
Expuesto groseramente a cuatro patas me contempla, me toca, me flagela para mimarme luego. Su blanca mano me acaricia. Mis nalgas doloridas me recuerdan que soy suyo. Mi dolor está en su libido y ella  lo sabe…
Más me susurra. Eres mío, la fusta lo demuestra.
Yo ya la necesito.  Espero su respuesta con miedo contenido.
Ese miedo que me amordaza, esa sospecha de que me niegue el placer de nuevo, pero la Diosa me exige que la posea.
Quizá hoy es un regalo. Entro dentro de ella me derramo, me extiendo, gozamos rompiendo en una explosión distinta  cada vez que nuestros cuerpos se vuelcan dentro.
Otra vez desnudo, feliz y esclavo. Espero volver a vivir sus deseos

Efe. {LL}

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La necesidad del castigo.


La necesidad del castigo.

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En mi caso mi Dueña no suele administrar un castigo solo por el placer de proporcionar dolor, creo que para nosotros el disfrute viene del puro juego, siendo el castigo un motivo derivado de una falta de obediencia, que si es reiterada podrá dar lugar a un serio correctivo.
¿Cuando ejerce su dominio mi Dueña?
Solo cuando estamos liberados de nuestra vida laboral o social, pero en ese momento en el que estamos solos o con otras personas afines al BDSM ya no hay barreras, y el límite es patrimonio de L Lorena.
Una desobediencia grave lleva un correctivo como el que tengo impuesto actualmente. Se producirá en el momento que lo decida mi Ama y Señora, podrá ser en público o en privado, siendo la vara el instrumento de castigo. Sé que será severa pero entiendo que también justa, podrán ser cincuenta azotes mínimos a cien máximos.
Las marcas de la vara serán nítidas, lo deberé hacer público así como la fotografía del castigo.
Entiendo que el castigo es merecido agradeciendo a mi Dueña su generosidad al proporcionármelo, para contribuir a mi correcta doma.

Posdata: la vara es un temible correctivo pero soy consciente que me lo he merecido y que mi Dueña  ha obrado con justicia y equidad conociendo el grado al que debe llegar.

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El Regalo.


El regalo.
Hace unos días una amiga de mi Dueña le envío un regalo para mí. Resultó que era un mini vestido de sirvienta. Me lo hizo poner inmediatamente con los nuevos zapatos de medio tacón que me compró hace poco.
Pero después de haberme vestido decidió que me quitase las braguitas, luego el vestido y al final acabé sirviendo el café solo con el delantal.
La verdad que en el caso de las sumisas con un poco de tela, látex o cuero, cubriéndo algo de su anatomía están guapísimas, pero los sumisos lo tenemos más difícil, por lo que mi Dueña tira por el camino de frente, es decir desnudo al cien por cien y se acabaron los problemas.
También es muy severa con la depilación ya que debo estar totalmente depilado, y la presencia de bello aunque sea mínimo supone un correctivo.
Claro que hay Amas/os que presentan a su esclava totalmente desnuda, al igual que en el caso de mi Dueña. Creo que la vestimenta en el sumiso es difícil de resolver por lo que el desnudo es vital para la correcta educación del esclavo, que debe cuidar su cuerpo exhaustivamente para ponerse al servicio de su Dueña o Dueños.

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