Tentación Capítulo VI


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Tentación Capítulo VI.

Juan no podía conciliar el sueño. Le daba vueltas a su situación ante Olivia, le fascinaba su personalidad, le gustaba su cuerpo, por lo que llegaba a la conclusión de que se sentía su sumiso.
Deseaba que le volviese a llamar a su lado, la rogaría que le ayudase a vencer a sus miedos y aunque le doliese el castigo, lo soportaría con ánimo pensando en que algún día ella le amaría.
En esos pensamientos se hallaba cuando sonó el móvil.
Diga.
Hola perro.
Que desea Señora.
Tu voluntad esclavo.
Ven ahora mismo a mi casa.
Si Señora.
Salió corriendo para en minutos encontrarse tras la puerta de su Dueña.
Tocó el timbre y transcurridos unos segundos.
Una mujer de mediana edad le abrió la puerta.
Le condujo a una habitación obscura, ordenándole que se desnudara.
Después de una espera que le pareció un siglo, apareció de nuevo la mujer acompañada de su Diosa.
Es Manuela mi asistenta.
Le informó ásperamente.
Ayer no me halagaste en exceso, ya que no atendiste alegremente a mis invitados.
Así que manuela te va a castigar por ello.
Dale cincuenta correazos por favor.
Manuela le esposó casi con deseo, colgándole a un gancho con una cadena que pendía del techo.
El primer correazo le escoció lo suficiente, pero después a medida que sus nalgas se tornaban rojas, ya solo sentía casi placer.
Su pene se abultaba ante la mirada sorprendida de Manuela, que empezaba a sentir un deseo irrefrenable de gozar.
Advirtiéndolo Olivia la ordenó cesar en el castigo. Esta con mirada mohína lo descolgó, hasta escuchar.
Largo. Otro día lo disfrutarás.
Hoy es mío.
Acercándose a él.
Le susurró.
Dame placer.
Juan era un volcán de deseo.
Olivia se desnudó mostrándole unos senos con un justo volumen, coronados por unos erguidos pezones, justo en el centro de unas aureolas color marrón tenue.
Su ombligo resultó ser un fetiche más, para él, su lengua llegó después a un coño amplio, delicioso decorado con una fina mata de bello negro, donde bebió sus jugos con placer.
La lamió su delicioso botoncito, en un perfecto sesenta y nueve hasta hacerla subir al cielo. Ella le correspondía, lamiendo sus pezones una vez y otra mordiéndolos. Mientras la mezcla de dolor y placer le enervaba, logró que ambos llegaran a un clímax extra.
A una orden de la Dama.
Este se corrió sin pausa, terminando en un abrazo mutuo.
Segundos después volvió a ser de nuevo perro.
Hoy ha sido una excepción.
He querido ver tu valía como macho.
No estoy enamorada de ti.
Estoy simplemente enfadada con los de tu especie.
Si no deseas entregarte a mí para siempre.
Hoy puedes remediarlo.
Vístete y vete.
Entonces de la ardiente garganta del joven.
Salió.
Gracias Señora.
Soy simplemente suyo.

sumisope.

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El desamor.


El desamor

Difícil es quererte.
Duro en la penumbra de mi amor.
Es verte.
No sabes de mis quereres.
Pero yo sueño con tu amor…
Noches negras llenas de desazón,
matan mi ilusión.
Mis ruegos no llaman a tu corazón.
Mis lágrimas inundan mis ojos, pero tus besos son para otro.
Sufrir para mí ya no es bello.
Por favor dime que tú no eres un sueño.
Por favor envíame un beso.
Y mi sufrimiento se tornará bello.

sumisope.

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El esclavo de la Princesa.


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El esclavo de la Princesa

Anochece cuando el esclavo se presenta a la Princesa.
Bella y altiva esta le recibe.
Hola esclavo.
El como otras veces va directamente a la mazmorra, 
penetra dentro y la sirvienta de la Señora, el collar al cuello le ciñe.
El orgulloso, se presta a lucirlo, prieto como le gusta a la princesa.
Encadenado en la cruz espera….
Desnudo descalzo y con los ojos vendados pasará la primera prueba.
La Diosa se acerca, Oye sus dulces pasos, al fin la Princesa llega.
Pronto en el pecho del esclavo penden dolorosos pesos.
La Gran Dama lo contempla y el dolor se acrecienta.
Los finos dedos de la dama,
las pinzas balancean.
Un gemido sale del sumiso.
Ella lo aprecia y susurrándole le manifiesta.
¿Esto es lo que deseas?
El con tímida voz, contesta.
Si Señora.
Piensa que precisa colgarlo.
Engancha la cadena que pende del techo al collar, tensando el cuerpo del esclavo que de puntillas sufre, su mirada arriba, lanzándola al cielo.
Lo ve no siente clemencia, le abandona al silencio, ya es todo soledad y sufrimiento.
Pasa un siglo en oscuridad. El cuerpo del siervo está exhausto, el sudor mezclado con el cansancio es un castigo. Pero él lo sufre con orgullo.
Piensa…
A su Princesa se lo entregará como tributo.
Su dueña llega, se conmueve un instante, se acerca.
Primero su pecho lacera, luego dulcemente le besa, después de sus atributos se apodera.
Vuelve a gemir y el dolor prospera.
Cada vez es más duro.
Llora esclavo.
Tus lágrimas son mías.
Exclama la Diosa.
Sabe que solo gozará cuando ella lo desee, pero si se impacienta, el abandono precederá al castigo, así que una tortura más debe resistir.
Por fin desnudo, ajado y sudoroso la fusta recibe.
La princesa le observa.
Entregarle su cuerpo es su deseo.
Su lengua recorre los caminos del placer de la Princesa, bebe sus jugos aspira sus olores y al éxtasis la lleva.
Después ella en la culminación del placer.
Entrar dentro de ella.
Le ordena.
El esclavo mezcla con el suyo, el placer de la Princesa.
En un gran torbellino de sensaciones.
Va y viene. Ya no es el, son dos amantes que se sacian de placer.
La Princesa le siente, disfruta.
Exclamando gracias esclavo.

sumipe.

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Acto de amor.


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Acto de amor

Desnuda, azotada con la mirada suplicante,
reclamas ser poseída.
Expuesta y bella entregas tu pasión.
Ya eres su vida.
Te fundes en su cuerpo.
Le regalas tu alma.
Entra dentro de tí.
Te posee,
te ama.
Después serena y bonita le das un beso.
Un torrente de dicha ha obrado dentro de tu ser.
El entonces guarda tus tesoros dentro de su corazón.
Mañana le enviarás otra carta de amor.

sumisope

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El sexo dentro del BDSM.


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El sexo dentro del BDSM.

Dentro de la práctica del BDSM, a mi parecer se diferencia notoriamente el sexo del amor. El sexo lo vive el sumiso dentro de la mente de su Amo, por lo que es el Dominante quien decide el momento y el cómo debe gozar el sumiso.
Es sabido de la fidelidad de la pareja dentro de este estilo de vida, pero entiendo que eso ya es amor por lo que ya es distinta su relación.
El sexo del sumiso es neutro, no conoce sexo y tiende a entregar su voluntad y cuerpo a su Dueño. No es de extrañar que un sumiso sea cedido a otro dominante, sin diferencia de sexo.
Claro está que esto es un largo camino que transita de su etapa como sumiso a esclavo, tiempos muy diferentes en los que ambos pueden sentar su relación bien como pareja o simplemente como hombre y mujer que no deseen unir sus vidas sentimentalmente.
Evidentemente todo este camino como siempre diremos debe estar consensuado por ambas partes y si en el transito surge el amor, siempre ambos pueden establecer sus normas de fidelidad.
De todas formas, no debo ocultar la liberalidad de ambos, en materia de sexo ya que es una parte importante en la vida del Señor y su esclavo.
Pero creo que es bienvenido el sexo en cualquier sesión, ya que el disfrute llega a cotas de goce impresionantes y enriquecedoras para ambos.

Sumiso pe.

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La Tentación. Capítulo. V


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La tentación.

Bastaron unos segundos para las presentaciones de rigor. Eva era la directora financiera. La jefa directa de Juan.
Era una mujer en la cuarentena, de mediana estatura, morena con un cuerpo esbelto. En la vida diaria representaba a la clásica ejecutiva seria que todos podemos conocer. La acompañaba Marisa. Su secretaria, una joven rubia, delgada y con un cuerpo espectacular.
Eva cogiendo la voz cantante, presentó a los dos varones que las acompañaban, resultaron ser dos apuestos chaperos contratados para la ocasión, siendo esto un motivo de chanza para las tres mujeres.
Eva llamó a Juan.
Ven que te veamos putita.
Juan rojo de vergüenza acudió a la llamada.
Mira como tiene la colita de abultada, exclamó dándole un tirón a su pene, que le resultó muy doloroso.
No llores que todavía no te hemos dado lo tuyo.
Se dio media vuelta y se acomodó en el tresillo para deleitarse con la función.
La perversidad de Eva le dolía, pero sin embargo le producía una excitación maravillosa. En su cabeza se quedaría grabado a fuego sus palabras. Esperando ansioso su próximo futuro.
Las mujeres charlaban entre ellas ignorando a los chaperos, mientras Juan de rodillas junto a Olivia soportaba el dolor que le producían sus pezones pinzados.
A una seña de Eva entre el jolgorio y las risas de Marisa los chaperos se desnudaron ante ellas. Se notaba que estaban duchos en el arte de hacerlo en público.
Los contemplaron divertidas y dirigiéndose a Juan Eva le informó.
Son tu regalo putita.
Ves y empieza a chupársela al de la derecha.
Empieza inmediatamente.
Fue ya la orden siguiente.
El primero se dejó hacer, empalmándose rápidamente. Pero por expreso deseo de Olivia no eyaculó. El segundo con extrema crueldad, se la metía y sacaba de la boca bruscamente y también de vez en cuando recibía alguna bofetada para disuadirle de no tragar el semen.
Pronto un chorro de la sabia del chapero llenaba su boca.
Juan sentía miedo, asco, pero descubría algo que llevaba dentro.
Era el deseo de su Dueña y el la deseaba.
Luego las tres mujeres se colocaron los arneses y rompiéndole su creída virilidad, dejaron paso a los chaperos que fueron lo suficientemente prácticos, corriéndose dentro de él.
Después se marcharon todos dejándole solo, tirado sucio y llorando desconsoladamente.
Más tarde sentiría quizá el primer gesto tierno de su Dueña.
Acercándose a él. Le limpió el rostro con una toalla, diciéndole con cierta ternura.
Vístete y márchate a descansar.
Mañana te llamo.

Sumiso pe. 

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La tentación capítulo IV


Tentación.

747_160No podía entender cómo era capaz de dejarse vejar por Olivia, La joven le atraía desde siempre pero no esperaba que tuviese esos gustos tan especiales. En circunstancias normales hubiese sido feliz haciéndola el amor, mimándola e incluso cediendo ante su voluntad, pero nunca de esta manera tan escabrosa.
A las nueve en punto estaba en la puerta del apartamento de Olivia. Tocó el timbre y espero cinco interminables minutos a que le abriese la puerta.
Entra.
Fue el lacónico saludo.
Acababa de salir de la ducha, su cabello estaba húmedo, por lo que le dió el secador, ordenándole que se lo secase.
Juan lo hizo con primor hasta que escuchó.
Basta idiota.
Se dio la vuelta y le gritó.
Ponte en pelotas perro.
Comenzó a desnudarse con premura hasta quedarse desnudo ante ella.
Esta le revisó de arriba abajo para terminar criticando lo que veía.
Valla mierda de pene el que tienes, espero que tu culo reciba bien el de otros.
Con mirada suplicante, la rogó que no le hiciese estar de esa manera delante de sus amigas.
Con una cruel sonrisa en su rostro.
Le preguntó.
¿Es esa tu pena?
Vendrán con sus parejas. Las he pedido que me presten a sus hombres para cruzarte. Y por cierto, no vuelvas a cuestionar mis órdenes.
Si no te gustan estás a tiempo de vestirte e irte.
De acuerdo.
Contesta perra.
Si. Estoy de acuerdo.
Más fuerte. Estoy de acuerdo Señora.
Así está mejor.
Vete al baño y maquíllate.
Te pintas los ojos, los labios. Te pintas las uñas de los pies y de las manos, ponte mis braguitas sucias y el sujetador que hay al lado.
Pasadas dos interminables horas de rodillas de cara a la pared sonó el timbre, su corazón le daba vueltas, notaba que estaba a punto de estallar, pero su pene se abultaba peligrosamente.
Olivia se dirigió a él.
A qué esperas para recibir a mis invitados. Joder te estas poniendo a cien.
Habrá que bajártela rápidamente.
No por favor.
Venga. Y a continuación recibió dos inesperadas bofetadas que le devolvieron a su realidad.
Abrió la puerta, rojo de vergüenza, empalmado y sin el control de su mente, se acercó a besar a su compañera.
Que haces guarro y recibió otra bofetada entre las risas de todos.
A una señal de su Dueña se fue de nuevo al rincón de cara a la pared, mientras esta recibía a sus invitados.

Sumisope.

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Continuará.

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Tentación. Capítulo III


Tentación.

Juan no llegaba a comprender la actitud de Olivia y menos su reacción ante la barbaridad que le estaba exigiendo, pero inexplicablemente se sentía liberado, como persona y aún más como hombre.705_1000
Las horas pasaron cuando apareció su futura Dueña. Casi ignorándolo le ordenó que se vistiera y no volviera hasta que ella lo llamase. Quizá no lo hará nunca más pensó el joven, sintiéndose aliviado, pues no sería capaz de no obedecerla. Además de no desear de  volver a sentirse humillado.
Pasó el resto del fin de semana y llegó la hora de volver a la vida diaria. Acudió como siempre a la oficina, impecablemente vestido, encontrándose a Olivia ya en su mesa de trabajo.
No obviando como su corta falda hacia que sus torneadas piernas lucieran aún más y su rostro muy bien maquillado la hiciese estar francamente bonita.
Esta se levantó de su butaca y le dijo divertida.
No me mires más las piernas.
No tienes ningún derecho a hacerlo si yo no lo deseo.
¿Qué tal el fin de semana?
Bien le contestó avergonzado.
Atreviéndose a preguntarla.
Y tú.
Normal como siempre.
Le contesto cínicamente.
Por cierto, no me tutees, ni hables sin mi permiso. Solo lo imprescindible para poder trabajar.
A lo largo de los días la relación en el trabajo empezaba a ser embarazosa para Juan. Dándose él cuenta además de cómo ella disfrutaba martirizándolo con sus miradas. Por fin llegó el viernes.
Vienes a desayunar con nosotras le preguntó alegremente.
Asintió y se dispuso a tomar café con tres compañeras incluida Olivia, hasta que se quedaron solos.
He quedado con Eva y Marisa para comer mañana en mi casa.
Así que te necesitaré.
Le ordenó a bocajarro.
Te quiero ver a las nueve de la mañana en mi casa.
Y se marchó con un gesto casi burlón.
En cierto punto respiró con alivio, le apetecía verla, sobre todo tan sexy como el otro día, pero claro sería una comida entre compañeros, no habría oportunidad de jugar a nada especial.
Aquella noche no pegó ojo, pensando en el nuevo encuentro.

Sumiso pe.

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Continuará.

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Tentación


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Tentación
Capítulo II

Sintió la vibración del móvil en su bolsillo, lo descolgó con desgana, y contestó.
Hola.
Sintió un escalofrío cuando reconoció la voz de Olivia, empleaba un tono desconocido, casi desvergonzado, con unas formas nunca utilizadas por ella.
Creo que ya es hora de que me sirvas como perro, si lo decides así, te espero en veinte minutos en mi casa.
No contestes, no digas nada, si no te atreves lo olvidamos y aquí no ha pasado nada.
Estupefacto decidió mentalmente acudir a la cita, calculó el tiempo que tardaría en llegar. Era demasiado poco, pero lo intentaría.
Cogió un taxi y llegó en unos treinta minutos, sabia donde vivía Olivia, pero no recordaba el piso, marcó su número de teléfono y esperó que descolgara.
Perro es tarde.
Hoy te recibiré por ser tu primera cita, pero lo pagarás caro.
Sube.
No lo terminaba de creer, sentía casi miedo de ella, además de no desear verse despreciado e insultado, pero era por otro lado  una situación excitante.
Le abrió la puerta, una mujer bandera, especial, enfundada en un Catsuit negro que se pegaba a su cuerpo como su segunda piel, completaba el atuendo con unas sandalias que lucían  sus hermosos pies. Su cabello negro, realzaba su rostro en el que un tenue maquillaje la hacía resultar preciosa.
En su semblante una maliciosa sonrisa premeditada, casi diabólica terminó de sorprenderle brutalmente
Eres un perro debes estar a cuatro patas, le dijo airadamente, al tiempo que sintió como la femenina mano de Olivia le propinaba una bofetada.
Obedeció sin rechistar, deseando pasar al apartamento ante el temor de que viniese alguien y le viese andando a gatas.
Ya dentro esperó una explicación lógica, quizá fuese una broma que le estaba gastando. Pero pronto se dio cuenta de la realidad.
Te he recibido de esta forma porque en principio, como hombre no me gustas, como persona no te necesito y si estás de acuerdo puedes y debes permitir que te utilice a mi conveniencia.
Deberás servirme a todos los niveles, el premio será verme, vivirás en castidad absoluta y quizá te conceda  alguna vez el privilegio de darme gusto.
Su intención era irse, pero inexplicablemente ahora, deseaba entregarse a la perversidad de la Joven Dominante.
Desnúdate inmediatamente y ponte a limpiarme el apartamento.
Le ordenó severamente.
Desapareciendo de su vista.
Obedeció y comenzó la labor.

Sumiso pe.

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Tentación


Tentación.

Capítulo I

Su vida estaba unida a su trabajo diario. Llevaban años juntos pero su convivencia no708_1000 pasaba de lo natural, como buenos amigos y colegas. La vida privada de ambos era algo desconocido para los dos.
Era un viernes como otro cualquiera, casual y que daba paso a la tarde libre para empalmar con el fin de semana.
Juan. la propuso ir a comer. En contra de lo esperado por Olivia
Al ser viernes estarían prácticamente solos y podrían charlar de sus cosas. 
Pensó.
Ante la propuesta Olivia le miró fijamente, casi faltándole al respeto y le contestó.
Estás loco, o quizá me estás haciendo una propuesta deshonesta.
Ante la respuesta, Juan instintivamente bajo la mirada, y la pidió disculpas.
Olvídalo.
Perdóname te lo suplico.
Esta se dio media vuelta, cogió sus cosas y se marchó.
Dejándole desolado. Y con las ideas aún menos claras.
Este era un varón entrado en la cuarentena, divorciado hacía un par de años y muy necesitado de alguien que le diera afecto.
Olivia era una mujer más joven pero muy decidida, no había encontrado al hombre ideal y aunque alternaba con varios amigos, alguno con derecho a roce, no deseaba atarse a nadie.
Ambos Vivian solos, tenían la vida resuelta, pero necesitaban encontrar a la pareja ideal.
Ya en su casa Olivia intentaba concentrarse en la lectura de un libro, estaba escrito por su autor preferido y trataba de sexo, de sicología y otras artes más obscuras.
Estaba desnuda nada más que con las braguitas y una camiseta, descalza y con el cabello suelto disfrutando de sus pensamientos.
Cuando de repente un pronta idea la hizo ir hasta el espejo del dormitorio.
Reflejándose ante el pensó.
Joder. Soy una mujer bonita. De estatura media esbelta con unas piernas torneadas que no desmerecían sus menudos senos, aunque alzados y prietos.
Quizá había llegado la hora de empezar a gozar con los hombres.
Hizo una mueca de coquetería y volvió a su lectura.
Hasta que de repente pensó.
¿Qué estará haciendo Juan?
Mientras marcaba en el móvil su número.

Continuará.

efe.

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