Tentación.


Tentación. 
Capítulo IX.

Eva hacía uso del látigo con una natural frecuencia en el cuerpo de Juan y gustaba de presenciar cómo le humillaba su pareja, que hacía uso de él como si fuese un muñeco. siendo penetrado sin conmiseración alguna, al tiempo que por puro placer ella le azotaba una y otra vez.
Era el último fin de semana que estaría a su servicio. Cuando Eva le comentó por primera vez amablemente.
Deberías olvidarte de Olivia.
No tiene intención ninguna de seguir domándote.
Yo. Aunque no me enamorare de ti, al menos me preocuparé, de que te jodan y de vez en cuando permitiré que me des placer.
Mirándole a los ojos con cierto interés le dijo.
Te preguntarás porque aguantas esto.
Te diré que la respuesta la hallarás dentro de tus pensamientos.
Entenderás que tu sumisión es innata en ti, necesitas que te amen y eres capaz de dar más que recibir. Pero a pesar de tu valentía no eres capaz de reconocer quien te desea.
Ambos se miraron como nunca lo habían hecho. Solo había quizá dureza en el rostro de ella, pero captó su sinceridad, en el fondo inexplicablemente le cautivaba.
Bueno ya vale de sentimentalismos.
Cumple con tus obligaciones domésticas.
Fue el fin de la corta charla.
A las quince horas en punto me sirves la comida.
Cumpliendo las ordenes de la Dueña, esperó a que terminase de comer, para dar cuenta más tarde, él de las sobras.
Notaba que había perdido peso, pero su cuerpo resultaba esbelto quizá más que antes de la experiencia como perro de Eva. Sus pectorales estaban algo marcados y su castidad forzada, le pedía a gritos vaciarse, pero la perversa sonrisa de la dueña lo impedía y a base muchas veces de correazos, esta lograba regalarle más sufrimiento.
Pronto debería tomar la decisión de ser propiedad de la Dama si esta lo deseaba.
Aquel lunes su presencia ante Eva en la oficina era menos embarazosa, se sentía cómodo trabajando a su lado y ella empezaba a sonreírle, pero no debía tomar más confianza que la debida ya que su descaro podía desencadenar la ira de la Dueña.
Esta se acercó a él para susurrarle al oído.
Luego hablaré con Olivia sobre tu destino.
Marchándose alegremente de su lado.

Sumipe.

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La tentación. capitulo VIII.


Tentación. Capítulo VIII

No le preocupaba ser humillado ya tanto por la joven, sino más bien, el chantaje a que le sometía, que era la prueba de que no le amaba. Pero una vez más su terrible empecinamiento le volvía a hacer pensar que algún día lograría el amor de ella.
A su criterio, se le pasó el tiempo demasiado deprisa, pero decidió cumplir presto, con la orden de Eva. Recogió su mesa y se dispuso a marcharse a la hora prevista.
Llegó pronto a la casa de su nueva Dueña, lo hizo en taxi para evitar problemas con el aparcamiento, porque, aunque, al día siguiente era fiesta, le hubiese resultado difícil aparcar.
La dirección coincidía con una pequeña vivienda unifamiliar, su aspecto era de una confortable casita del típico ejecutivo de moda, situada en la periferia metropolitana.
Cruzó el pequeño jardín y abriendo la puerta penetró en el recibidor de la vivienda. Encima de una mesita se encontró un sobre. Dentro había una nota donde leyó sus primeras instrucciones.
En el cuarto de la caldera situado en el sótano encontraría su habitación. Un colchón hinchable, una manta, además de un tosco perchero donde colgar su ropa, era todo el mobiliario del que disponía. Se desnudó con premura, cosa que ya hacía con soltura, colgó su camisa, el traje y despojándose de la ropa interior subió al recibidor frente a la puerta de acceso.
Según las ordenes de la nota, debería permanecer de rodillas y desnudo hasta que alguien llegara, aclarándole, que una pequeña cámara lo filmaría en todo momento.
No sin ganas de marcharse decidió seguir con el plan, quizá por estar seguro de la mala baba de Olivia de publicar en las Redes sus fotos. El chantaje la estaba funcionando a la perfección.
Después de una interminable hora aparecieron Eva y su pareja. Ambos estaban estrenando la cuarentena y  además de resultar guapos derrochaban alegría.
Mirándole con un gesto burlón. Añadió Eva.
Bueno. Ha cumplido nuestro perrito.
Ciñele Jorge, el collar con la cadena que hay en el cajón de la mesita.
Con mucho gusto cielo.
Se acercó a Juan, que de rodillas sintió una humillación indecible, al sentir como las manos del hombre le ceñían el collar, al tiempo que el varón le rozaba con su cuerpo.
Vamos a ducharnos, sube que tienes que ayudarnos a desvestirnos y luego limpiar el baño.
Ya en el dormitorio  los dedos de los pies de Eva en su boca, sentada ya desnuda le hacian sentir placer. Notaba como su lengua humedecía con un placer inusuable los dedos de la mujer.
Vale perro que estas poniendo bruto.
Y levantándose sonriendo, adujo.
Voy cariño.
Metiéndose entre risas bajo la alcachofa de la ducha abrazada a su hombre.
Juan excitado en demasía esperaría quizá algo después.
Salieron envueltos en sus albornoces, fueron a la terraza donde los besos dieron paso a que el escultural cuerpo de Eva se mezclara con el de su amante.
Jorge el ocasional Partenaire de Eva, lucía un cuerpo escultural al gusto de la amante, que usaba su miembro con desvergüenza ante Juan. Los pechos de Eva se amasaban contra el dorso de él, mientras se basaban al tiempo con avidez, los jadeos de ambos anunciaban el pronto encuentro de la verga del varón, que penetrando por la puerta de los deseos de ella una y otra vez, la hacia gemir de gusto.
Una explosión del goce de ambos bastó, para anunciarle que habían acabado la fiesta.
Tras unos segundos de mutuos mimos se incorporaron para llamarle.
Ven perrito toma tu parte.
A cuatro patas casi llorando, pero con la verga empalmada, lamió el coñito de Eva y chupó la verga de Guillermo ante el regocijo de los dos que se auguraban una noche gloriosa.

sumisope.

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Tentación. Capítulo VII.


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Tentación Capítulo VII

El lunes por la mañana, para Juan fue un calvario sentarse frente a Olivia, o lo que es peor despachar con Eva. La que era su jefa.
Para Olivia no había vergüenza. Esta  le miraba y sonreía por dentro, pero sin embargo recordaba con agrado cuando le poseyó, el joven estaba súper dotado y la proporcionó, un placer infinito. Lástima que por un tiempo no lo podrían volver a repetir.
En cuanto a castigarle no la hacía demasiada gracia, de hecho disfrutaba más cuando usaba el látigo Eva, e incluso su criada Manuela, contemplando el gesto de sumisión del joven hacia su persona.
A media mañana la secretaria de Eva, le avisa para que vaya al despacho de ella, Juan se puso la chaqueta disponiéndose a ejecutar la orden de su superiora.
Entró en el despacho y esperó a sentarse, pero el permiso no le llegó.
Cierra la puerta. Fue la seca orden que escuchó.
Olivia te ha dejado en prenda, como pago de la deuda de la partida de póker que celebramos anoche. Estarás conmigo un mes a mi completo servicio, cuando salgas de aquí vas a mi casa.
Acto seguido le entregó una nota escrita con la dirección de su domicilio, luego te quedas desnudo y de rodillas hasta que lleguemos.  Yo o mi hombre.
Fuera.
Fue lo último que escuchó.
Volvió a su sitio, mas asustado que preocupado, allí se  encontró con Olivia. Esta con una mirada burlona le advirtió.
Ya no hay marcha atrás a no ser que no te importe verte en las redes sociales, mientras Manuela te azota, o la pareja de Eva te viola amablemente.
En un momento de rabia, por primera vez Juan estuvo a punto de abofetearla, pero el sentido común le disuadió de hacerlo.
La joven lo advirtió y a modo de respuesta le dijo.
Tendré que contarle a Eva lo soberbio que eres y rogarle que te enseñe modales.
Te aseguro que su doma será eficaz.
Adiós perrito.
Y salió del despacho despreocupada y sonriente.

Sumisope.

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Tentación Capítulo VI


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Tentación Capítulo VI.

Juan no podía conciliar el sueño. Le daba vueltas a su situación ante Olivia, le fascinaba su personalidad, le gustaba su cuerpo, por lo que llegaba a la conclusión de que se sentía su sumiso.
Deseaba que le volviese a llamar a su lado, la rogaría que le ayudase a vencer a sus miedos y aunque le doliese el castigo, lo soportaría con ánimo pensando en que algún día ella le amaría.
En esos pensamientos se hallaba cuando sonó el móvil.
Diga.
Hola perro.
Que desea Señora.
Tu voluntad esclavo.
Ven ahora mismo a mi casa.
Si Señora.
Salió corriendo para en minutos encontrarse tras la puerta de su Dueña.
Tocó el timbre y transcurridos unos segundos.
Una mujer de mediana edad le abrió la puerta.
Le condujo a una habitación obscura, ordenándole que se desnudara.
Después de una espera que le pareció un siglo, apareció de nuevo la mujer acompañada de su Diosa.
Es Manuela mi asistenta.
Le informó ásperamente.
Ayer no me halagaste en exceso, ya que no atendiste alegremente a mis invitados.
Así que manuela te va a castigar por ello.
Dale cincuenta correazos por favor.
Manuela le esposó casi con deseo, colgándole a un gancho con una cadena que pendía del techo.
El primer correazo le escoció lo suficiente, pero después a medida que sus nalgas se tornaban rojas, ya solo sentía casi placer.
Su pene se abultaba ante la mirada sorprendida de Manuela, que empezaba a sentir un deseo irrefrenable de gozar.
Advirtiéndolo Olivia la ordenó cesar en el castigo. Esta con mirada mohína lo descolgó, hasta escuchar.
Largo. Otro día lo disfrutarás.
Hoy es mío.
Acercándose a él.
Le susurró.
Dame placer.
Juan era un volcán de deseo.
Olivia se desnudó mostrándole unos senos con un justo volumen, coronados por unos erguidos pezones, justo en el centro de unas aureolas color marrón tenue.
Su ombligo resultó ser un fetiche más, para él, su lengua llegó después a un coño amplio, delicioso decorado con una fina mata de bello negro, donde bebió sus jugos con placer.
La lamió su delicioso botoncito, en un perfecto sesenta y nueve hasta hacerla subir al cielo. Ella le correspondía, lamiendo sus pezones una vez y otra mordiéndolos. Mientras la mezcla de dolor y placer le enervaba, logró que ambos llegaran a un clímax extra.
A una orden de la Dama.
Este se corrió sin pausa, terminando en un abrazo mutuo.
Segundos después volvió a ser de nuevo perro.
Hoy ha sido una excepción.
He querido ver tu valía como macho.
No estoy enamorada de ti.
Estoy simplemente enfadada con los de tu especie.
Si no deseas entregarte a mí para siempre.
Hoy puedes remediarlo.
Vístete y vete.
Entonces de la ardiente garganta del joven.
Salió.
Gracias Señora.
Soy simplemente suyo.

sumisope.

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La Tentación. Capítulo. V


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La tentación.

Bastaron unos segundos para las presentaciones de rigor. Eva era la directora financiera. La jefa directa de Juan.
Era una mujer en la cuarentena, de mediana estatura, morena con un cuerpo esbelto. En la vida diaria representaba a la clásica ejecutiva seria que todos podemos conocer. La acompañaba Marisa. Su secretaria, una joven rubia, delgada y con un cuerpo espectacular.
Eva cogiendo la voz cantante, presentó a los dos varones que las acompañaban, resultaron ser dos apuestos chaperos contratados para la ocasión, siendo esto un motivo de chanza para las tres mujeres.
Eva llamó a Juan.
Ven que te veamos putita.
Juan rojo de vergüenza acudió a la llamada.
Mira como tiene la colita de abultada, exclamó dándole un tirón a su pene, que le resultó muy doloroso.
No llores que todavía no te hemos dado lo tuyo.
Se dio media vuelta y se acomodó en el tresillo para deleitarse con la función.
La perversidad de Eva le dolía, pero sin embargo le producía una excitación maravillosa. En su cabeza se quedaría grabado a fuego sus palabras. Esperando ansioso su próximo futuro.
Las mujeres charlaban entre ellas ignorando a los chaperos, mientras Juan de rodillas junto a Olivia soportaba el dolor que le producían sus pezones pinzados.
A una seña de Eva entre el jolgorio y las risas de Marisa los chaperos se desnudaron ante ellas. Se notaba que estaban duchos en el arte de hacerlo en público.
Los contemplaron divertidas y dirigiéndose a Juan Eva le informó.
Son tu regalo putita.
Ves y empieza a chupársela al de la derecha.
Empieza inmediatamente.
Fue ya la orden siguiente.
El primero se dejó hacer, empalmándose rápidamente. Pero por expreso deseo de Olivia no eyaculó. El segundo con extrema crueldad, se la metía y sacaba de la boca bruscamente y también de vez en cuando recibía alguna bofetada para disuadirle de no tragar el semen.
Pronto un chorro de la sabia del chapero llenaba su boca.
Juan sentía miedo, asco, pero descubría algo que llevaba dentro.
Era el deseo de su Dueña y el la deseaba.
Luego las tres mujeres se colocaron los arneses y rompiéndole su creída virilidad, dejaron paso a los chaperos que fueron lo suficientemente prácticos, corriéndose dentro de él.
Después se marcharon todos dejándole solo, tirado sucio y llorando desconsoladamente.
Más tarde sentiría quizá el primer gesto tierno de su Dueña.
Acercándose a él. Le limpió el rostro con una toalla, diciéndole con cierta ternura.
Vístete y márchate a descansar.
Mañana te llamo.

Sumiso pe. 

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La tentación capítulo IV


Tentación.

747_160No podía entender cómo era capaz de dejarse vejar por Olivia, La joven le atraía desde siempre pero no esperaba que tuviese esos gustos tan especiales. En circunstancias normales hubiese sido feliz haciéndola el amor, mimándola e incluso cediendo ante su voluntad, pero nunca de esta manera tan escabrosa.
A las nueve en punto estaba en la puerta del apartamento de Olivia. Tocó el timbre y espero cinco interminables minutos a que le abriese la puerta.
Entra.
Fue el lacónico saludo.
Acababa de salir de la ducha, su cabello estaba húmedo, por lo que le dió el secador, ordenándole que se lo secase.
Juan lo hizo con primor hasta que escuchó.
Basta idiota.
Se dio la vuelta y le gritó.
Ponte en pelotas perro.
Comenzó a desnudarse con premura hasta quedarse desnudo ante ella.
Esta le revisó de arriba abajo para terminar criticando lo que veía.
Valla mierda de pene el que tienes, espero que tu culo reciba bien el de otros.
Con mirada suplicante, la rogó que no le hiciese estar de esa manera delante de sus amigas.
Con una cruel sonrisa en su rostro.
Le preguntó.
¿Es esa tu pena?
Vendrán con sus parejas. Las he pedido que me presten a sus hombres para cruzarte. Y por cierto, no vuelvas a cuestionar mis órdenes.
Si no te gustan estás a tiempo de vestirte e irte.
De acuerdo.
Contesta perra.
Si. Estoy de acuerdo.
Más fuerte. Estoy de acuerdo Señora.
Así está mejor.
Vete al baño y maquíllate.
Te pintas los ojos, los labios. Te pintas las uñas de los pies y de las manos, ponte mis braguitas sucias y el sujetador que hay al lado.
Pasadas dos interminables horas de rodillas de cara a la pared sonó el timbre, su corazón le daba vueltas, notaba que estaba a punto de estallar, pero su pene se abultaba peligrosamente.
Olivia se dirigió a él.
A qué esperas para recibir a mis invitados. Joder te estas poniendo a cien.
Habrá que bajártela rápidamente.
No por favor.
Venga. Y a continuación recibió dos inesperadas bofetadas que le devolvieron a su realidad.
Abrió la puerta, rojo de vergüenza, empalmado y sin el control de su mente, se acercó a besar a su compañera.
Que haces guarro y recibió otra bofetada entre las risas de todos.
A una señal de su Dueña se fue de nuevo al rincón de cara a la pared, mientras esta recibía a sus invitados.

Sumisope.

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Continuará.

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Tentación. Capítulo III


Tentación.

Juan no llegaba a comprender la actitud de Olivia y menos su reacción ante la barbaridad que le estaba exigiendo, pero inexplicablemente se sentía liberado, como persona y aún más como hombre.705_1000
Las horas pasaron cuando apareció su futura Dueña. Casi ignorándolo le ordenó que se vistiera y no volviera hasta que ella lo llamase. Quizá no lo hará nunca más pensó el joven, sintiéndose aliviado, pues no sería capaz de no obedecerla. Además de no desear de  volver a sentirse humillado.
Pasó el resto del fin de semana y llegó la hora de volver a la vida diaria. Acudió como siempre a la oficina, impecablemente vestido, encontrándose a Olivia ya en su mesa de trabajo.
No obviando como su corta falda hacia que sus torneadas piernas lucieran aún más y su rostro muy bien maquillado la hiciese estar francamente bonita.
Esta se levantó de su butaca y le dijo divertida.
No me mires más las piernas.
No tienes ningún derecho a hacerlo si yo no lo deseo.
¿Qué tal el fin de semana?
Bien le contestó avergonzado.
Atreviéndose a preguntarla.
Y tú.
Normal como siempre.
Le contesto cínicamente.
Por cierto, no me tutees, ni hables sin mi permiso. Solo lo imprescindible para poder trabajar.
A lo largo de los días la relación en el trabajo empezaba a ser embarazosa para Juan. Dándose él cuenta además de cómo ella disfrutaba martirizándolo con sus miradas. Por fin llegó el viernes.
Vienes a desayunar con nosotras le preguntó alegremente.
Asintió y se dispuso a tomar café con tres compañeras incluida Olivia, hasta que se quedaron solos.
He quedado con Eva y Marisa para comer mañana en mi casa.
Así que te necesitaré.
Le ordenó a bocajarro.
Te quiero ver a las nueve de la mañana en mi casa.
Y se marchó con un gesto casi burlón.
En cierto punto respiró con alivio, le apetecía verla, sobre todo tan sexy como el otro día, pero claro sería una comida entre compañeros, no habría oportunidad de jugar a nada especial.
Aquella noche no pegó ojo, pensando en el nuevo encuentro.

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Continuará.

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Tentación


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Tentación
Capítulo II

Sintió la vibración del móvil en su bolsillo, lo descolgó con desgana, y contestó.
Hola.
Sintió un escalofrío cuando reconoció la voz de Olivia, empleaba un tono desconocido, casi desvergonzado, con unas formas nunca utilizadas por ella.
Creo que ya es hora de que me sirvas como perro, si lo decides así, te espero en veinte minutos en mi casa.
No contestes, no digas nada, si no te atreves lo olvidamos y aquí no ha pasado nada.
Estupefacto decidió mentalmente acudir a la cita, calculó el tiempo que tardaría en llegar. Era demasiado poco, pero lo intentaría.
Cogió un taxi y llegó en unos treinta minutos, sabia donde vivía Olivia, pero no recordaba el piso, marcó su número de teléfono y esperó que descolgara.
Perro es tarde.
Hoy te recibiré por ser tu primera cita, pero lo pagarás caro.
Sube.
No lo terminaba de creer, sentía casi miedo de ella, además de no desear verse despreciado e insultado, pero era por otro lado  una situación excitante.
Le abrió la puerta, una mujer bandera, especial, enfundada en un Catsuit negro que se pegaba a su cuerpo como su segunda piel, completaba el atuendo con unas sandalias que lucían  sus hermosos pies. Su cabello negro, realzaba su rostro en el que un tenue maquillaje la hacía resultar preciosa.
En su semblante una maliciosa sonrisa premeditada, casi diabólica terminó de sorprenderle brutalmente
Eres un perro debes estar a cuatro patas, le dijo airadamente, al tiempo que sintió como la femenina mano de Olivia le propinaba una bofetada.
Obedeció sin rechistar, deseando pasar al apartamento ante el temor de que viniese alguien y le viese andando a gatas.
Ya dentro esperó una explicación lógica, quizá fuese una broma que le estaba gastando. Pero pronto se dio cuenta de la realidad.
Te he recibido de esta forma porque en principio, como hombre no me gustas, como persona no te necesito y si estás de acuerdo puedes y debes permitir que te utilice a mi conveniencia.
Deberás servirme a todos los niveles, el premio será verme, vivirás en castidad absoluta y quizá te conceda  alguna vez el privilegio de darme gusto.
Su intención era irse, pero inexplicablemente ahora, deseaba entregarse a la perversidad de la Joven Dominante.
Desnúdate inmediatamente y ponte a limpiarme el apartamento.
Le ordenó severamente.
Desapareciendo de su vista.
Obedeció y comenzó la labor.

Sumiso pe.

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Tentación


Tentación.

Capítulo I

Su vida estaba unida a su trabajo diario. Llevaban años juntos pero su convivencia no708_1000 pasaba de lo natural, como buenos amigos y colegas. La vida privada de ambos era algo desconocido para los dos.
Era un viernes como otro cualquiera, casual y que daba paso a la tarde libre para empalmar con el fin de semana.
Juan. la propuso ir a comer. En contra de lo esperado por Olivia
Al ser viernes estarían prácticamente solos y podrían charlar de sus cosas. 
Pensó.
Ante la propuesta Olivia le miró fijamente, casi faltándole al respeto y le contestó.
Estás loco, o quizá me estás haciendo una propuesta deshonesta.
Ante la respuesta, Juan instintivamente bajo la mirada, y la pidió disculpas.
Olvídalo.
Perdóname te lo suplico.
Esta se dio media vuelta, cogió sus cosas y se marchó.
Dejándole desolado. Y con las ideas aún menos claras.
Este era un varón entrado en la cuarentena, divorciado hacía un par de años y muy necesitado de alguien que le diera afecto.
Olivia era una mujer más joven pero muy decidida, no había encontrado al hombre ideal y aunque alternaba con varios amigos, alguno con derecho a roce, no deseaba atarse a nadie.
Ambos Vivian solos, tenían la vida resuelta, pero necesitaban encontrar a la pareja ideal.
Ya en su casa Olivia intentaba concentrarse en la lectura de un libro, estaba escrito por su autor preferido y trataba de sexo, de sicología y otras artes más obscuras.
Estaba desnuda nada más que con las braguitas y una camiseta, descalza y con el cabello suelto disfrutando de sus pensamientos.
Cuando de repente un pronta idea la hizo ir hasta el espejo del dormitorio.
Reflejándose ante el pensó.
Joder. Soy una mujer bonita. De estatura media esbelta con unas piernas torneadas que no desmerecían sus menudos senos, aunque alzados y prietos.
Quizá había llegado la hora de empezar a gozar con los hombres.
Hizo una mueca de coquetería y volvió a su lectura.
Hasta que de repente pensó.
¿Qué estará haciendo Juan?
Mientras marcaba en el móvil su número.

Continuará.

efe.

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Un fin de semana en el campo II


Capitulo IIview

Dentro de mí. Respiro paz. Mi cuerpo está marcado y dolorido pero imagino a Silvia en su confortable cama del hotel excitandóse,quizá pensando en su fiel esclavo.
Me siento profundamente enamorado. Por lo que entro en un profundo sueño para descansar feliz.
Ha amanecido se oye el silbido del viento vislumbrándose un día frío y desapacible, calculo que serán las siete de la mañana, espero que me llamen.
No pasan más de treinta minutos cuando oigo que me gritan.
¡Venga gandul!
Nos tienes que atender. Me espabilo como puedo y entro dentro de la cocina, intuyo que están arriba por lo que allí me encamino. Entro al dormitorio. La chimenea todavía tiene rescoldos del día anterior conservando una temperatura agradable.
Están desnudos en la amplia cama, mirándome descaradamente me ordenan que vaya al baño a ducharme.
El agua está al principio helada lo que cicatriza las señales que me hizo Carmen con la fusta en mis nalgas, pero luego fluye agradablemente templada. Estoy unos minutos bajo la ducha Encuentro hojas de afeitar y me afeito, después salgo al dormitorio.
Juan estaba preparando el desayuno mientras Carmen continua en la cama. Esta me hace una seña, me acerco y me ordena que la coma el coñito. Empiezo a lamer suavemente su clítoris observando que es una mujer muy caliente, al poco tiempo la viene un suave orgasmo .Por otra parte mi pene adquiere una erección importante que a ella ni la inmuta.
Llega Juan la oye gemir y se da cuenta de la situación. Lejos de enfadarse la dice que tiene ya su desayuno dispuesto.
A mí me pone leche y cereales en mi plato y me dice que lo tome. Desayunan agradablemente y deciden usarme. Juan me ordena que se la chupe. Tomo su pene empiezo a lamer el prepucio suavemente adquiriendo su pene pronto unas dimensiones amplias, cuando espero recibir su semen en mi boca, da un ligero tirón  sacándola fuera. Después me informa.Entrará en tu culo perra.
Carmen sonriendo me dice que me apoye en un Pub. Untándome de crema el ano le dice a Juan, ya lo puedes encular querido.
La primera embestida fue dolorosa pero no consiguió penetrarme, ya que nunca me habían follado con un falo tan grande, pero al segundo intento un grito de dolor me indicó que ya no era virgen.
El se movía lentamente, hasta que pronto noté un cálido chorro dentro de mí, se había corrido en mi culo, al mismo tiempo mi pene estaba al máximo de erección, pero un dolor inmenso me avisó de que la estaba sacando.
Advirtiendo Carmen mi excitación no se quiso privar de degustar mi preciosa polla lamiéndola hasta que un chorro de semen la bañó el rostro.
La mujer se separó bruscamente yéndose al baño, quedándome solo pero satisfecho. Transcurrieron unos minutos,  seguía con el trasero erguido al tiempo que lastimado, esperando alguna terrible orden. No se hizo esperar el siguiente mandato. Se incorpora Juan orrdenándome que me ponga de cara a la pared, toma su cinturón que tiene sobre la cómoda y empieza a azotarme en la espalda, el primer latigazo me marca profundamente, grito desesperadamente, pero el segundo no puedo resistirlo, por lo cual decide atarme a un gancho que hay en el techo. En ese momento ya el dolor es insufrible, cuento veinte latigazos cuando se marcha a asearse. Dejándome inmóvil y maltrecho.

Continuará

Escrito por efe Enero 2001

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