ElJuego


El juego.

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Ella impasiblemente resistió la fusta sin una lágrima.
Al igual que una gran Dama sabía recibir el castigo,
como una humilde esclava.
Dirigiéndose al perro que la servía.
Altanera y orgullosa,
le dedicó una sonrisa.
El humillado y servil bajó la cabeza.
Ella le respondió severa pero cariñosa.
Para saber disciplinar hay que conocer la disciplina.
El juego había terminado pero los perros un día mas.
Habían recibido una lección…
El castigo es a veces poco necesario si el perro es rebelde.
A veces es más didáctica la disciplina acompañada de un buen ejemplo.
Le espetó su Señora.
Si Ama lo entiendo.

sumisope

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La entrega.


La entrega

Esta desnudo encadenado esperando a su Dueña.
Ha pasado mucho tiempo deseándola. Pero ella así lo quiere.
Se abre la puerta.
La Señora entra, se acerca le agarra de la cadena.
De un tirón le atrae hacia ella.
Al tiempo exclama.
¡Perro!
A mis pies
No solo fue una orden para él, sino además una sucesión de acontecimientos que reafirmaron la autoridad y el dominio de la Señora.
Su lengua cae a los pies de su adorada, los lame, los masajea para terminar de cubrirlos de besos.
Otra vez una orden, esta vez debe darle su cuerpo, a gatas a por la fusta se acerca para a la Diosa entregársela. Le azota duro, durante largo tiempo.
El cuero su firma dibuja en la piel del siervo.
Exhausto y salido pero dueño de su pasión, a la Diosa se lo agradece.
Su virilidad no aguanta, pero sabe que la castidad es innegociable. Sabiendo que el próximo dolor será soportarlo sin derramarse.
A cuatro patas la Dueña le viola.
El ciego de deseo. La suplica el disfrute.
Ella sincera pero cruel. Se lo niega.
Transpira sufre, goza. Su mente le pide que cese el castigo, pero su placer le pide más.
Se arrastra, lame suplica.
la Diosa niega.
Su cuerpo ya no le pertenece.
Los dedos de la Dama le abren, El duro falo lo penetra, más luego un rayo parece que el cuerpo le parte. Pero se entrega. Suplica más goce.
Su boca sorbe los jugos de su Dueña llevándola a un viaje de placer.
La Diosa en un mar de sensaciones se debate.
Pero él derramarse no puede.
Llega la noche.
La bella duerme.
El esclavo a sus pies su sueño vela.

sumisope

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Noche de magia


whip

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Noche mágica

Luz tenue, música de fondo. Acomodadas en el diván, las Diosas disfrutan de la mágica fiesta. Sus brillantes corsés de charol, afinan sus esbeltos talles, dejando adivinar unos bustos esplendidos que compiten en belleza. Rubia o Morena, sus cabellos realzan unos hermosos ojos verdes o marrones que lanzan destellos a los ardorosos perros, que vibran de deseo. Los finos tacones de las Divas pinchan en las nalgas de los afortunados esclavos besando estos los pies de sus Dueñas, suplican con la mirada su atención, diluyen sus deseos y ofrecen todo su ser .

Silban los látigos dejando la fina marca del poderío de las Damas, que  acrecienta la sumisión de los agraciados sumisos.
Es un cumulo de emociones en el que viven las Damas y  perros, logrando llenar la estancia de placer y misterio.
Ellos entienden que no pueden vivir sin ellas, cada segundo experimentan algo distinto. Se incorporan obedeciendo con un serio gesto, ofrecen sus desnudos cuerpos a las Diosas que los disfrutan con deleite, los pellizcan, besan sienten lo que ellas mas quieren. La humilde pero valiente entrega de alguien que las ama.

Merecen un premio.
Yacer con ellas compartiendo su pasión…
Para así ser más suyos.
Efe.

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