Tentación.


Tentación. 
Capítulo IX.

Eva hacía uso del látigo con una natural frecuencia en el cuerpo de Juan y gustaba de presenciar cómo le humillaba su pareja, que hacía uso de él como si fuese un muñeco. siendo penetrado sin conmiseración alguna, al tiempo que por puro placer ella le azotaba una y otra vez.
Era el último fin de semana que estaría a su servicio. Cuando Eva le comentó por primera vez amablemente.
Deberías olvidarte de Olivia.
No tiene intención ninguna de seguir domándote.
Yo. Aunque no me enamorare de ti, al menos me preocuparé, de que te jodan y de vez en cuando permitiré que me des placer.
Mirándole a los ojos con cierto interés le dijo.
Te preguntarás porque aguantas esto.
Te diré que la respuesta la hallarás dentro de tus pensamientos.
Entenderás que tu sumisión es innata en ti, necesitas que te amen y eres capaz de dar más que recibir. Pero a pesar de tu valentía no eres capaz de reconocer quien te desea.
Ambos se miraron como nunca lo habían hecho. Solo había quizá dureza en el rostro de ella, pero captó su sinceridad, en el fondo inexplicablemente le cautivaba.
Bueno ya vale de sentimentalismos.
Cumple con tus obligaciones domésticas.
Fue el fin de la corta charla.
A las quince horas en punto me sirves la comida.
Cumpliendo las ordenes de la Dueña, esperó a que terminase de comer, para dar cuenta más tarde, él de las sobras.
Notaba que había perdido peso, pero su cuerpo resultaba esbelto quizá más que antes de la experiencia como perro de Eva. Sus pectorales estaban algo marcados y su castidad forzada, le pedía a gritos vaciarse, pero la perversa sonrisa de la dueña lo impedía y a base muchas veces de correazos, esta lograba regalarle más sufrimiento.
Pronto debería tomar la decisión de ser propiedad de la Dama si esta lo deseaba.
Aquel lunes su presencia ante Eva en la oficina era menos embarazosa, se sentía cómodo trabajando a su lado y ella empezaba a sonreírle, pero no debía tomar más confianza que la debida ya que su descaro podía desencadenar la ira de la Dueña.
Esta se acercó a él para susurrarle al oído.
Luego hablaré con Olivia sobre tu destino.
Marchándose alegremente de su lado.

Sumipe.

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