La Tentación. Capítulo. V


Origen de la imágen

La tentación.

Bastaron unos segundos para las presentaciones de rigor. Eva era la directora financiera. La jefa directa de Juan.
Era una mujer en la cuarentena, de mediana estatura, morena con un cuerpo esbelto. En la vida diaria representaba a la clásica ejecutiva seria que todos podemos conocer. La acompañaba Marisa. Su secretaria, una joven rubia, delgada y con un cuerpo espectacular.
Eva cogiendo la voz cantante, presentó a los dos varones que las acompañaban, resultaron ser dos apuestos chaperos contratados para la ocasión, siendo esto un motivo de chanza para las tres mujeres.
Eva llamó a Juan.
Ven que te veamos putita.
Juan rojo de vergüenza acudió a la llamada.
Mira como tiene la colita de abultada, exclamó dándole un tirón a su pene, que le resultó muy doloroso.
No llores que todavía no te hemos dado lo tuyo.
Se dio media vuelta y se acomodó en el tresillo para deleitarse con la función.
La perversidad de Eva le dolía, pero sin embargo le producía una excitación maravillosa. En su cabeza se quedaría grabado a fuego sus palabras. Esperando ansioso su próximo futuro.
Las mujeres charlaban entre ellas ignorando a los chaperos, mientras Juan de rodillas junto a Olivia soportaba el dolor que le producían sus pezones pinzados.
A una seña de Eva entre el jolgorio y las risas de Marisa los chaperos se desnudaron ante ellas. Se notaba que estaban duchos en el arte de hacerlo en público.
Los contemplaron divertidas y dirigiéndose a Juan Eva le informó.
Son tu regalo putita.
Ves y empieza a chupársela al de la derecha.
Empieza inmediatamente.
Fue ya la orden siguiente.
El primero se dejó hacer, empalmándose rápidamente. Pero por expreso deseo de Olivia no eyaculó. El segundo con extrema crueldad, se la metía y sacaba de la boca bruscamente y también de vez en cuando recibía alguna bofetada para disuadirle de no tragar el semen.
Pronto un chorro de la sabia del chapero llenaba su boca.
Juan sentía miedo, asco, pero descubría algo que llevaba dentro.
Era el deseo de su Dueña y el la deseaba.
Luego las tres mujeres se colocaron los arneses y rompiéndole su creída virilidad, dejaron paso a los chaperos que fueron lo suficientemente prácticos, corriéndose dentro de él.
Después se marcharon todos dejándole solo, tirado sucio y llorando desconsoladamente.
Más tarde sentiría quizá el primer gesto tierno de su Dueña.
Acercándose a él. Le limpió el rostro con una toalla, diciéndole con cierta ternura.
Vístete y márchate a descansar.
Mañana te llamo.

Sumiso pe. 

admin-ajax1

Anuncios

Dime lo que desees.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s