Tentación


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Tentación
Capítulo II

Sintió la vibración del móvil en su bolsillo, lo descolgó con desgana, y contestó.
Hola.
Sintió un escalofrío cuando reconoció la voz de Olivia, empleaba un tono desconocido, casi desvergonzado, con unas formas nunca utilizadas por ella.
Creo que ya es hora de que me sirvas como perro, si lo decides así, te espero en veinte minutos en mi casa.
No contestes, no digas nada, si no te atreves lo olvidamos y aquí no ha pasado nada.
Estupefacto decidió mentalmente acudir a la cita, calculó el tiempo que tardaría en llegar. Era demasiado poco, pero lo intentaría.
Cogió un taxi y llegó en unos treinta minutos, sabia donde vivía Olivia, pero no recordaba el piso, marcó su número de teléfono y esperó que descolgara.
Perro es tarde.
Hoy te recibiré por ser tu primera cita, pero lo pagarás caro.
Sube.
No lo terminaba de creer, sentía casi miedo de ella, además de no desear verse despreciado e insultado, pero era por otro lado  una situación excitante.
Le abrió la puerta, una mujer bandera, especial, enfundada en un Catsuit negro que se pegaba a su cuerpo como su segunda piel, completaba el atuendo con unas sandalias que lucían  sus hermosos pies. Su cabello negro, realzaba su rostro en el que un tenue maquillaje la hacía resultar preciosa.
En su semblante una maliciosa sonrisa premeditada, casi diabólica terminó de sorprenderle brutalmente
Eres un perro debes estar a cuatro patas, le dijo airadamente, al tiempo que sintió como la femenina mano de Olivia le propinaba una bofetada.
Obedeció sin rechistar, deseando pasar al apartamento ante el temor de que viniese alguien y le viese andando a gatas.
Ya dentro esperó una explicación lógica, quizá fuese una broma que le estaba gastando. Pero pronto se dio cuenta de la realidad.
Te he recibido de esta forma porque en principio, como hombre no me gustas, como persona no te necesito y si estás de acuerdo puedes y debes permitir que te utilice a mi conveniencia.
Deberás servirme a todos los niveles, el premio será verme, vivirás en castidad absoluta y quizá te conceda  alguna vez el privilegio de darme gusto.
Su intención era irse, pero inexplicablemente ahora, deseaba entregarse a la perversidad de la Joven Dominante.
Desnúdate inmediatamente y ponte a limpiarme el apartamento.
Le ordenó severamente.
Desapareciendo de su vista.
Obedeció y comenzó la labor.

Sumiso pe.

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