El reto de Silvia. IV


Capítulo IV

Pasaron tres días aterradores trabajando duramente. Para luego violarnos cruelmente, cuando no eran los carceleros, lo hacían los propios10501647_737169969669954_4847354695449752216_n trabajadores, el caso es que el sufrimiento era intenso.
Éramos los únicos junto con otros dos hombres los que teníamos que estar permanentemente desnudos por lo cual el látigo del capataz se podía notar eficazmente, por fin al noveno día no iríamos a trabajar. Nos esperaría algo peor.
Había llegado nuestro eventual Amo y Señor y fuimos llevados a su presencia.
Nos recibió con una cruel sonrisa y allí mismo nos violó salvajemente primero a uno y luego al otro, después fuimos atados a unas columnas y allí mismo se dio el gusto de azotarnos cruelmente.
El látigo silbaba  rompíendo en nuestras espaldas y nalgas, después de recibir no menos de veinte latigazos casi desmallados y muy marcados le pedimos clemencia, él se reía y decidió dejarnos allí, medio inconscientes y encadenados.
Estábamos encadenados uno frente al otro pero no teníamos fuerzas ni para mirarnos, así debieron transcurrir varios minutos hasta que las dos culturistas volvieron a descolgarnos.
Casi a rastras nos llevaron al barracón donde pernoctábamos. Nos dejaron tirados, anunciando que volverían después. Pasaron varias horas, había anochecido y seguíamos allí sin conocer nuestro futuro. Pero al día siguiente vencería el tiempo pactado de nuestro cautiverio y habríamos ganado la dura y cruel apuesta.
Amanece otro día caluroso, no hemos bebido nada más que agua y los mendrugos de pan que nos dieron el día anterior, pero lo peor era que todavía teníamos que pasar toda la jornada hasta ganar la apuesta.
Oímos pasos abren el portalón y aparece Don Arturo nuestro cruel anfitrión le siguen las dos inseparables culturistas nos mira y las ordena que jueguen con Silvia.
A mí me propina una patada y me deja inmovilizado en un rincón mientras tanto las forzudas se emplean a fondo con Silvia.
Atada a un pilar del establo lo primero que la hace es penetrarla analmente con un grueso consolador. Silvia llora y grita lastimeramente, ellas se destornillan de risa.
Termina el horrendo suplicio, la dan la vuelta y la penetran por delante antes de perder el sentido, la besan brutalmente. Más tarde era espabilada a base de una ducha de agua helada y allí mismo maquinaron un horrendo castigo, la cortarían su hermoso cabello.
A su Señor le pareció poco y ordeno que además del corte de su melena nos colgaran en sendas cruces y quedáramos expuestos a ver si perdíamos la apuesta.
El cabello de Silvia quedó en el establo. Ella lloraba desconsoladamente atada en su cruz, mientras unos consoladores anclados en el eje nos penetraba por el analmente, los brazos los teníamos atados al larguero transversal y nuestros sucios pies descansaban en un soporte de madera clavado en la base,
Por fin al anochecer nos bajan de nuestro calvario, nos dejan tirados y arrastrándonos llegamos al barracón.
Pasadas unas horas entra un hombre diciéndonos secamente han ganado la apuesta, nos tira nuestra ropa al tiempo que nos informa que nos llevarán a un hotel en la ciudad. Tenemos reservada una habitación y en recepción nos entregaran las llaves del Mercedes.
Se va diciendo que nos demos prisa. Nos abrazamos y entre risas y lágrimas Silvia me susurra.
Hemos ganado.
El viaje en el camión es horrible pero vibramos de alegría. Nos alecciona el chofer indicando que en el hotel nos esperan creyendo que hemos sido rescatados de un accidente en la carretera cosa que en aquellos parajes es normal.
Al día siguiente nos levantamos temprano, notamos el amanecer, nos duchamos y pedimos el desayuno, estamos en un hotel de semilujo quizás el mejor que hay por allí disfrutando de nuestra victoria.
Nos disponemos a salir a almorzar, antes hemos comprado ropa y entre otras cosas Silvia un gracioso sombrero. Todavía estamos terriblemente cansados y nos duele todo nuestro cuerpo, pero decidimos buscar nuestras llaves, acudimos a recepción donde efectivamente tenemos toda la documentación debidamente cumplimentada lista para importar el Mercedes, además de los correspondientes juegos de llaves.
Nos entregan todos los papeles.Entonces  Silvia pregunta que cuando trajeron el vehículo.Siendo nuestra sorpresa que la fecha que nos indican es justo el día que llegamos.
Silvia se sorprende y ante el estupor de los del hotel exclama. ¡El muy cerdo ya sabía antes que había perdido! Me besa en la boca con pasión susurrándome. Amor te quiero. Después ante el flamante auto me entrega las llaves exclamando. Tu regalo de aniversario.

Origen de las imagenes

Relato escrito y publicado por efe en Enero 2001

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