El reto de Silvia III


Capítulo III
Amanecía cuando oímos ruidos en el exterior la temperatura todavía era fresca. Permanecíamos abrazados y abrigados con una raída manta sobre nuestro lecho de paja, así aguardábamos nuestro destino durante el día que iba a nacer.
Pronto se abrió el portalón de la cuadra, inundándose de luz el recinto, apareció Dina nuestra carcelera. Penetró dentro dándonos un puntapié como aviso. Después gritando nos ordeno levantarnos.tumblr_natn4oaJek1tj3g96o1_400
Así lo hicimos, pero como no la pareció que lo hacíamos rápido nos propinó unas sonoras bofetadas aludiendo que éramos unos perros gandules.
Nos puso leche y pan en un recipiente para ambos ordenándo que lo  comieramos. Acto seguido desapareció.
Terminamos de sorber la leche y pude contemplar a Silvia. Estaba sucia sin maquillar pero resultaba bonita, gruesas marcas cruzaban sus senos y vientre, resultado de los latigazos del día anterior, la di un suave beso en los labios. Entonces ella aún muy coqueta, me espetó ¿Mis tetas son hermosas todavía?
Yo la contesté con una mirada, al tiempo que mi pene adquiría unas dimensiones hermosas.
Estábamos en esas cavilaciones cuando volvió Dina con una de las culturistas que acompañaban ayer a Don Arturo. Esta apenas sin mirarnos nos indicó que el amo había tenido que irse por asunto de negocios durante tres días y que mientras tanto nosotros trabajaríamos en la casa.
Salimos al exterior dándonos cuenta que solo nosotros estábamos desnudos. Los criados iban de un lado para otro y la actividad era frenética. Nos indicaron que iríamos a trabajar a la construcción de un nuevo pabellón de caza que se estaba edificando cerca de allí.
Nos condujeron andando a la obra donde nos esperaba un capataz gordo y horrible, que soltándonos los grilletes nos ordenó que empezáramos a cavar una zanja.
A los otros obreros los insultaba y gritaba pero no los golpeaba con el látigo, a nosotros nos propinó algún azote pero lo peor vino después.
Trabajábamos lo más deprisa que podíamos, los pies y las manos se llenaban de ampollas, pero le parecía poco, así que nos ganamos todas las papeletas para recibir un cruel castigo.
El terrible sol del mediodía marcó el final de la jornada y al toque de una campana cesó toda actividad en la obra.
Pero ahora vendría otro calvario.
Nos pusieron firmes a todos los esclavos siendo llamados al centro del patio los que a juicio del cruel capataz merecían un castigo, en la lista había un joven de unos diecinueve años una mujer de mediana edad y Silvia.
Fueron según su ley a ser violados y posteriormente azotados por los diez mejores trabajadores de la jornada y entre ellos inexplicablemente estaba yo.
Le correspondió primero a la mujer a la que le fueron arrancados los harapos que vestía y sistemáticamente la penetramos de tres en tres por todos los orificios de su cuerpo, cuando le correspondió a Silvia no tuve más remedio que violarla salvajemente temiéndome que si no lo hacía tomarían represalias contra los dos.
Luego manchados de sudor, sangre y lágrimas fueron encadenadas a unos postes y azotados en sus espaldas y nalgas duramente. Pregunté a un trabajador que hablaba mi idioma que cuantos azotes recibirían y este me dijo que dependiendo de la resistencia de los reos de quince a cincuenta.

tumblr_nad1bcQSAQ1tj3g96o1_400Les fueron administrados tandas de diez trallazos, uno a uno, los reos gritaban y eso ponía al verdugo mas excitado, en la segunda tanda se iban desmayando. Intentaron reanimarles pero el capataz consideró que era suficiente así que procedieron a darnos el rancho.
Terminamos de comer y nos acercamos a los reos, Silvia tenia gruesas marcas por todo su cuerpo, el látigo al romper sobre su espalda y las nalgas había mordido sus senos los muslos y el vientre produciéndole numerosas laceraciones y heridas que tardarían varios días en curar pero estaba tranquila su resistencia física y mental era extraordinaria. Entendí que no la doblegarían, estaba dispuesta a aguantar lo indecible.
Nos llevaron otra vez a nuestro encierro trajeron el rancho para Silvia y me ordenaron que la limpiara las heridas. Comió pausadamente y luego se dejo mimar, yo pasaba suavemente la esponja por los surcos que había dejado el cuero en su espalda comprobando su alivio por momentos.
Después de lavarla la cubrí de besos por todo su esbelto cuerpo. Cuando llegué a su botoncito le apliqué unos suaves toques y la penetré profundamente. Toda la tensión de la jornada se diluyó en un prolongado orgasmo que nos llevó a un profundo y placentero descanso.

Continuará

Origen de las imagenes

Relato escrito y publicado por efe en Enero 2001

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2 pensamientos en “El reto de Silvia III

  1. Me he encogido imaginando ese cruel látigo, sin contar con las violaciones que me han dejado bajo mínimos. Pobre Silvia… espero que tan solo sea un relato, (prefiero tener esa intriga). Un abrazo Efe.

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