El reto de Silvia II


Antonio Grall que además de gran artista, nos ha regalo muchos momentos inolvidables dentro de nuestra mundo BDSM.

Antonio Graell que además de ser un gran artista, nos ha regalado muchos momentos inolvidables dentro de nuestro mundo BDSM.

Capítulo II

Pasan unos minutos después de aterrizar. Vemos  como Dina la secretaria de D. Arturo retira la lona que cubre la jaula, la abre y nos manda salir. Nos dan nuestra ropa, nos quitan los grilletes de los tobillos y nos disponemos a bajar del avión.
Pronto adivináremos que estamos en un aeródromo en pleno desierto, quizá en un país árabe, subimos a un camión y después de dos horas, atravesamos una ciudad para llegar a un monumental palacio . El vehículo se detiene frente a los que son las cuadras, nos ordenan bajar, así lo hacemos, para pronto estar otra vez con nuestra guardiana.
Nos han desnudado de nuevo quedándonos descalzos sobre la arena ardiente. Dina nos dice que antes de llevarnos hasta nuestro anfitrión primero propinará una tanda de latigazos a Silvia para marcarla. Esta le escucha y resignada se presta a ser encadenada en dos postes.
Yo tengo miedo que Silvia se derrumbe, el primer latigazo rompe en sus senos, lo recibe tranquila, al tercero lanza un gemido de dolor y se prepara para recibir el próximo golpe.
Los latigazos van de su pecho izquierdo al derecho, el dolor de la flagelación debe ser horrible yo he contado diez trallazos hasta que se desmaya. Dina se detiene entonces y decide reanimarla, para ello la echa un balde de agua sobre el rostro.
Silvia se despierta bruscamente y sollozando la pide que no la azote mas. Sus pechos están marcados con unos profundos surcos sanguinolentos con moratones a lo largo de todo el busto. Dina la mira y le dice que no es para tanto, que se recupere porque luego vendrá a por nosotros.
Nos deja atados uno frente al otro y se marcha. Yo la contemplo y no puedo reprimir las lágrimas, ella me mira y me dice.
Yo deseo vivir esta situación y además hago sufrir también a mis esclavos a menudo, no importándome si les proporciono dolor, así que esto me servirá de experiencia.
Contemplo su rostro empapado por el sudor y lágrimas que mezclado con el polvo del ambiente lo han obscurecido. Está tranquila y noto su aliento cálido cerca, siento que la amo con locura y su sufrimiento la hace aún más hermosa.
Me mira, me sonríe tiernamente diciéndome eres mío mi amor. Te quiero….
Pasan unos minutos se abre la puerta de la estancia entrando esta vez un hombre. Este es un árabe alto y fornido de mediana edad con una espesa barba y lleva el torso desnudo. Llena de nuevo el balde toma una esponja y limpia las heridas del pecho de Silvia se entretiene en hacerlo pero no osa tocarla ni menos aprovecharse de ella. En ese trance entra Dina lo observa y exclama todavía no Mohamed. Don Arturo tiene previsto cuando se canse de estos perros dejárselos a los criados.
Por fin el árabe termina de limpiar el pecho de Silvia y es entonces cuando nos van a llevar ante Don Arturo. Salimos del barracón y nos conducen a una estancia noble del palacio, vamos encadenados por los tobillos y muñecas por lo que andar nos cuesta más tiempo de lo normal, pero pronto estamos delante de él.
Es un hombre relativamente joven, le calculo unos treinta y cinco años, delgado, muy apuesto, viste una chilaba azul celeste. Esta sentado en un trono, le flanquean dos jóvenes semidesnudas que por su aspecto parecen culturistas.
¡Hola querida! Exclama gozosamente. Para puntualizar serenamente.
¿Estás a tiempo de perder tu apuesta? Y permanecer como mi invitada de honor….
¿Que me contestas?.
Jamás me rendiré querido amigo. Hasta las doce horas del décimo día de mi estancia aquí mi esclavo y Yo misma seremos suyos.
Muy bien primero violaré al esclavo y después continuaré contigo. Acto seguido era atado a un caballete con las nalgas bien altas y expuesto para ser enculado.
Don Arturo se quitó la chilaba mostrando un cuerpo muy bien formado, luciendo un pene superdotado. A una seña de este las jóvenes derribaron a Silvia y la hicieron que lamiera el pene de su amo, Ella empezó suavemente pero el empujaba salvajemente hasta llegar al fondo de su garganta.
Mi ama luchaba por respirar pero ese montón de carne se lo impedía. Riéndose la sacó bruscamente. Exclamando todavía no puta.
A continuación fue hacia mí, me contempló unos segundos y sin mediar palabra me folló salvajemente. Me producía un daño excesivo pero seguía empujando sin miramiento, hasta que sus jugos inundaron mis entrañas al tiempo que transformaba mi dolor en placer.
Mientras las dos jóvenes culturistas se entretenían en encadenar a Silvia a una mesa de madera donde su Amo la penetrará cruelmente por todos los orificios de su cuerpo.
Después de ser violados salvajemente por Don Arturo fuimos llevados de nuevo a las cuadras,  donde fuimos entregados ar los criados. Más tarde nos dieron de comer y desnudos y encadenados sobre un lecho de paja pasaríamos nuestra primera noche en el castillo.

Continuará
Relato escrito y publicado por efe en Enero 2001


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3 pensamientos en “El reto de Silvia II

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