Un fin de semana en el campo II


Capitulo IIview

Dentro de mí. Respiro paz. Mi cuerpo está marcado y dolorido pero imagino a Silvia en su confortable cama del hotel excitandóse,quizá pensando en su fiel esclavo.
Me siento profundamente enamorado. Por lo que entro en un profundo sueño para descansar feliz.
Ha amanecido se oye el silbido del viento vislumbrándose un día frío y desapacible, calculo que serán las siete de la mañana, espero que me llamen.
No pasan más de treinta minutos cuando oigo que me gritan.
¡Venga gandul!
Nos tienes que atender. Me espabilo como puedo y entro dentro de la cocina, intuyo que están arriba por lo que allí me encamino. Entro al dormitorio. La chimenea todavía tiene rescoldos del día anterior conservando una temperatura agradable.
Están desnudos en la amplia cama, mirándome descaradamente me ordenan que vaya al baño a ducharme.
El agua está al principio helada lo que cicatriza las señales que me hizo Carmen con la fusta en mis nalgas, pero luego fluye agradablemente templada. Estoy unos minutos bajo la ducha Encuentro hojas de afeitar y me afeito, después salgo al dormitorio.
Juan estaba preparando el desayuno mientras Carmen continua en la cama. Esta me hace una seña, me acerco y me ordena que la coma el coñito. Empiezo a lamer suavemente su clítoris observando que es una mujer muy caliente, al poco tiempo la viene un suave orgasmo .Por otra parte mi pene adquiere una erección importante que a ella ni la inmuta.
Llega Juan la oye gemir y se da cuenta de la situación. Lejos de enfadarse la dice que tiene ya su desayuno dispuesto.
A mí me pone leche y cereales en mi plato y me dice que lo tome. Desayunan agradablemente y deciden usarme. Juan me ordena que se la chupe. Tomo su pene empiezo a lamer el prepucio suavemente adquiriendo su pene pronto unas dimensiones amplias, cuando espero recibir su semen en mi boca, da un ligero tirón  sacándola fuera. Después me informa.Entrará en tu culo perra.
Carmen sonriendo me dice que me apoye en un Pub. Untándome de crema el ano le dice a Juan, ya lo puedes encular querido.
La primera embestida fue dolorosa pero no consiguió penetrarme, ya que nunca me habían follado con un falo tan grande, pero al segundo intento un grito de dolor me indicó que ya no era virgen.
El se movía lentamente, hasta que pronto noté un cálido chorro dentro de mí, se había corrido en mi culo, al mismo tiempo mi pene estaba al máximo de erección, pero un dolor inmenso me avisó de que la estaba sacando.
Advirtiendo Carmen mi excitación no se quiso privar de degustar mi preciosa polla lamiéndola hasta que un chorro de semen la bañó el rostro.
La mujer se separó bruscamente yéndose al baño, quedándome solo pero satisfecho. Transcurrieron unos minutos,  seguía con el trasero erguido al tiempo que lastimado, esperando alguna terrible orden. No se hizo esperar el siguiente mandato. Se incorpora Juan orrdenándome que me ponga de cara a la pared, toma su cinturón que tiene sobre la cómoda y empieza a azotarme en la espalda, el primer latigazo me marca profundamente, grito desesperadamente, pero el segundo no puedo resistirlo, por lo cual decide atarme a un gancho que hay en el techo. En ese momento ya el dolor es insufrible, cuento veinte latigazos cuando se marcha a asearse. Dejándome inmóvil y maltrecho.

Continuará

Escrito por efe Enero 2001

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Un fin de semana en el campo


Un fin de semana en el campo
Cápitulo I

Un jueves por la tarde vuelvo a casa temprano y encuentro a Silvia haciendo el equipaje.
Sorprendido la pregunto.
¿No nos va a entrar toda la ropa?
¿Tendremos que llevar otra maleta? Me contesto a mí mismo.
Pero sonriendo me responde.
Simplemente tú no vienes…
Me quedo perplejo y la interrogo:
¿Entonces irás sola?
Eso no es asunto tuyo me aclara. Tú te vas al campo.
Me han pedido Carmen y Juan que les atiendas este fin de semana, por cierto a cambio Juan me hará un buen regalo.
Viernes 6,30 tarde dejo a Silvia en el aeropuerto, arranco el coche y enfilo por la autovía. Es una tarde de otoño con el cielo encapotado amenazando lluvia. Por orden de Silvia solo llevo un pantalón de chándal, la gabardina y los pies descalzos. Avanzo rápido por lo que calculo llegar en cuarenta minutos.
Según me ha comentado Silvia. Juan y Carmen son una pareja ambos muy dominantes que además de dinero, tienen muchas influencias, razones que la han movido a consentir prostituirme.
e-15Siento miedo pero sin embargo deseo llegar pronto, consulto el mapa comprobando que es la próxima salida para llegar a mí destino. Giro a la derecha continuando por una carretera comarcal, el paisaje es tétrico pero bonito. Ha anochecido ya por lo que no se ve un alma. Pero por fin al frente veo una antigua casa de labor.
Me apeo del auto sintiendo una bocanada de frió que me hiela hasta el tuétano, además de que mis pies descalzos se clavan en la grava. Puedo morirme…
Al fin me abre una mujer que aparenta unos cuarenta años, es alta tiene el cabello rubio , viste con pantalón de cuero negro y  calza unas botas altas. Deduzco que es Carmen.
La saludo pero antes de contestarme recibo una sonora bofetada. Respondiendo perro mis botas están sucias y tú llegas tarde.
Límpialas inmediatamente con la lengua.
Me tiro a sus pies y en el mismo zaguán le lustro las botas.
Nada más traspasar el umbral de la puerta, me lleva a una estancia, que en su día fue la cocina, habían respetado la decoración, las paredes estaban pintadas en estuco de color ocre, conservando el hogar que ahora caldeaba la estancia agradablemente. Una artesa que en el pasado servía para hacer la matanza tenía un tablero encima que cumplía las funciones de una mesa. De las vetustas vigas del techo pendían unos ganchos que servían para colgar los embutidos, al fondo unos divanes. Allí estaba sentado Juan.
Se incorporó y pude ver que era un cincuentón alto con un cuerpo atlético, el cabello cano. Resultaba un tipo atractivo e interesante. Vestía una bata de seda azul eléctrico calzando unas chinelas de piel negras.
Me miró descaradamente exclamando.  Este es el perro que me manda la zorra de Silvía espero que valga lo que he pagado. Dirigiéndose a un arcón que había al fondo sacó un collar de perro negro y unos grilletes de acero además de unas muñequeras. Los tiró a mis pies diciendo vístete puerco. Carmen sonriendo  comenta. Tiene un buen trasero lo podrás encular bien y espero que también sepa hacerte unas buenas mamadas.

El collar me lo puse en el último agujero, intuyendo que no lo tenían especialmente para mí, los grilletes eran unas abrazaderas de hierro que pesaban mucho cerrándose con candados por lo que supuse que las llaves estarían en el arcón. Debajo de los grilletes me enrollé unas vendas hechas con unas tiras de saco para no destrozarme los tobillos. mientras que los brazaletes de las muñecas eran de cuero por lo cual eran más agradables.
Mientras ellos degustaban unas copas de Jerez me ordenaron que fuese poniendo la mesa y sirviendo los entremeses, estos estaban compuestos por queso embutidos acompañados de una sabrosa ensalada, estando todo  dispuesto sobre un pollete adosado a la pared que hacía las funciones de mesa de trabajo.
Se sentaron a comer y charlando amenamente saborearon un apetitoso asado de segundo plato. Observé como en un recipiente , (igual que los que se usan para poner la comida a los perros) lo llenaban con todas las sobras.
A una seña de Carmen recogí la mesa, les serví el café, con el brandi y comencé a lavar la vajilla.
Estaba en ello cuando se aproximó Carmen. Asiéndome con fuerza el pene me espetó.
“Putona termina pronto que tienes que cenar” Y luego tendrás que lavarnos los pies con tu asquerosa lengua.
Acto seguido me enganchó las muñecas a la espalda mediante los brazaletes y tirando de una correa enganchada al collar me lleva al plato, allí con una crueldad innecesaria me da una patada que caigo metiendo la cara en el recipiente. Comí como pude dificultosamente pues no podía valerme de las manos, luego tuve que lamer el plato además de limpiar con la lengua el suelo. Casi vomito pero lo pude aguantar.
Juan me ordenó que solo me pusiese de pie si lo ordenaban ellos, así que a gatas acudí a quitarle las botas a Carmen para proceder a lamerle los pies. La descalcé y empecé a lamerla el pie derecho,estaba caliente era pequeño y sus uñas  cuidadas, yo lamía con delicadeza sus dedos resultándome un placer. De repente un latigazo mordió mi espalda. Perro mis pies son delicados gritó, continué mi labor y cuando se cansó me despidió propinándome una patada al tiempo que ordenaba.
Vete a atender al amo.
El calzaba las chinelas, sus pies estaban desnudos, eran unos pies fuertes de una persona que hace deporte, los lamía besaba y masajeaba con suavidad intuyendo que él estaba a gusto. Cuando acabé de hacer mi labor, me despachó simplemente llamándome perra inmunda.
Después de un par de copas, el brandi hizo su cometido y se prepararon para divertirse empezaron a besarse y acariciarse mientras yo impávido esperaba mi futuro.
Cuando se cansaron. Carmen decidió suspenderme de los ganchos del techo, quedando apoyado todo mi peso sobre las puntas de los dedos de mis pies, el sufrimiento era inmenso. A los diez minutos volvió. Dado que Juan estaba entretenido viendo la televisión, la vino a bien ocuparse de mí. Tomó una fusta fina y larga empezó a fustigarme, advirtiéndome antes que podría gritar cuanto quisiese. Allí no nos oiría nadie.
Comprendí que era tan experta como Silvia. Los golpes eran flojos al principio y espaciados, pero fueron aumentando en frecuencia e impacto.
Lloraba y gritaba. Me dolían los pies, mis nalgas estaban al rojo vivo. Me dí cuenta que no se apiadaría de mí…
De repente gritó se finí “se acabó” A dormir.
Soltó la cadena que me colgaba del gancho por mis muñecas cayendo al suelo bruscamente. No pensaba soltarme las manos así que como puede me arrastré detrás de ella.
Me llevó a un cuarto anexo que ahora era el cuarto de la caldera pero en realidad era la carbonera, allí encima de un colchón viejo con unos sacos y unas raídas mantas para abrigarme pasarían mi primera noche en el campo.

Continuará

Escrito por efe Enero 2001.

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El reto de Silvia. IV


Capítulo IV

Pasaron tres días aterradores trabajando duramente. Para luego violarnos cruelmente, cuando no eran los carceleros, lo hacían los propios10501647_737169969669954_4847354695449752216_n trabajadores, el caso es que el sufrimiento era intenso.
Éramos los únicos junto con otros dos hombres los que teníamos que estar permanentemente desnudos por lo cual el látigo del capataz se podía notar eficazmente, por fin al noveno día no iríamos a trabajar. Nos esperaría algo peor.
Había llegado nuestro eventual Amo y Señor y fuimos llevados a su presencia.
Nos recibió con una cruel sonrisa y allí mismo nos violó salvajemente primero a uno y luego al otro, después fuimos atados a unas columnas y allí mismo se dio el gusto de azotarnos cruelmente.
El látigo silbaba  rompíendo en nuestras espaldas y nalgas, después de recibir no menos de veinte latigazos casi desmallados y muy marcados le pedimos clemencia, él se reía y decidió dejarnos allí, medio inconscientes y encadenados.
Estábamos encadenados uno frente al otro pero no teníamos fuerzas ni para mirarnos, así debieron transcurrir varios minutos hasta que las dos culturistas volvieron a descolgarnos.
Casi a rastras nos llevaron al barracón donde pernoctábamos. Nos dejaron tirados, anunciando que volverían después. Pasaron varias horas, había anochecido y seguíamos allí sin conocer nuestro futuro. Pero al día siguiente vencería el tiempo pactado de nuestro cautiverio y habríamos ganado la dura y cruel apuesta.
Amanece otro día caluroso, no hemos bebido nada más que agua y los mendrugos de pan que nos dieron el día anterior, pero lo peor era que todavía teníamos que pasar toda la jornada hasta ganar la apuesta.
Oímos pasos abren el portalón y aparece Don Arturo nuestro cruel anfitrión le siguen las dos inseparables culturistas nos mira y las ordena que jueguen con Silvia.
A mí me propina una patada y me deja inmovilizado en un rincón mientras tanto las forzudas se emplean a fondo con Silvia.
Atada a un pilar del establo lo primero que la hace es penetrarla analmente con un grueso consolador. Silvia llora y grita lastimeramente, ellas se destornillan de risa.
Termina el horrendo suplicio, la dan la vuelta y la penetran por delante antes de perder el sentido, la besan brutalmente. Más tarde era espabilada a base de una ducha de agua helada y allí mismo maquinaron un horrendo castigo, la cortarían su hermoso cabello.
A su Señor le pareció poco y ordeno que además del corte de su melena nos colgaran en sendas cruces y quedáramos expuestos a ver si perdíamos la apuesta.
El cabello de Silvia quedó en el establo. Ella lloraba desconsoladamente atada en su cruz, mientras unos consoladores anclados en el eje nos penetraba por el analmente, los brazos los teníamos atados al larguero transversal y nuestros sucios pies descansaban en un soporte de madera clavado en la base,
Por fin al anochecer nos bajan de nuestro calvario, nos dejan tirados y arrastrándonos llegamos al barracón.
Pasadas unas horas entra un hombre diciéndonos secamente han ganado la apuesta, nos tira nuestra ropa al tiempo que nos informa que nos llevarán a un hotel en la ciudad. Tenemos reservada una habitación y en recepción nos entregaran las llaves del Mercedes.
Se va diciendo que nos demos prisa. Nos abrazamos y entre risas y lágrimas Silvia me susurra.
Hemos ganado.
El viaje en el camión es horrible pero vibramos de alegría. Nos alecciona el chofer indicando que en el hotel nos esperan creyendo que hemos sido rescatados de un accidente en la carretera cosa que en aquellos parajes es normal.
Al día siguiente nos levantamos temprano, notamos el amanecer, nos duchamos y pedimos el desayuno, estamos en un hotel de semilujo quizás el mejor que hay por allí disfrutando de nuestra victoria.
Nos disponemos a salir a almorzar, antes hemos comprado ropa y entre otras cosas Silvia un gracioso sombrero. Todavía estamos terriblemente cansados y nos duele todo nuestro cuerpo, pero decidimos buscar nuestras llaves, acudimos a recepción donde efectivamente tenemos toda la documentación debidamente cumplimentada lista para importar el Mercedes, además de los correspondientes juegos de llaves.
Nos entregan todos los papeles.Entonces  Silvia pregunta que cuando trajeron el vehículo.Siendo nuestra sorpresa que la fecha que nos indican es justo el día que llegamos.
Silvia se sorprende y ante el estupor de los del hotel exclama. ¡El muy cerdo ya sabía antes que había perdido! Me besa en la boca con pasión susurrándome. Amor te quiero. Después ante el flamante auto me entrega las llaves exclamando. Tu regalo de aniversario.

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Relato escrito y publicado por efe en Enero 2001

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El reto de Silvia III


Capítulo III
Amanecía cuando oímos ruidos en el exterior la temperatura todavía era fresca. Permanecíamos abrazados y abrigados con una raída manta sobre nuestro lecho de paja, así aguardábamos nuestro destino durante el día que iba a nacer.
Pronto se abrió el portalón de la cuadra, inundándose de luz el recinto, apareció Dina nuestra carcelera. Penetró dentro dándonos un puntapié como aviso. Después gritando nos ordeno levantarnos.tumblr_natn4oaJek1tj3g96o1_400
Así lo hicimos, pero como no la pareció que lo hacíamos rápido nos propinó unas sonoras bofetadas aludiendo que éramos unos perros gandules.
Nos puso leche y pan en un recipiente para ambos ordenándo que lo  comieramos. Acto seguido desapareció.
Terminamos de sorber la leche y pude contemplar a Silvia. Estaba sucia sin maquillar pero resultaba bonita, gruesas marcas cruzaban sus senos y vientre, resultado de los latigazos del día anterior, la di un suave beso en los labios. Entonces ella aún muy coqueta, me espetó ¿Mis tetas son hermosas todavía?
Yo la contesté con una mirada, al tiempo que mi pene adquiría unas dimensiones hermosas.
Estábamos en esas cavilaciones cuando volvió Dina con una de las culturistas que acompañaban ayer a Don Arturo. Esta apenas sin mirarnos nos indicó que el amo había tenido que irse por asunto de negocios durante tres días y que mientras tanto nosotros trabajaríamos en la casa.
Salimos al exterior dándonos cuenta que solo nosotros estábamos desnudos. Los criados iban de un lado para otro y la actividad era frenética. Nos indicaron que iríamos a trabajar a la construcción de un nuevo pabellón de caza que se estaba edificando cerca de allí.
Nos condujeron andando a la obra donde nos esperaba un capataz gordo y horrible, que soltándonos los grilletes nos ordenó que empezáramos a cavar una zanja.
A los otros obreros los insultaba y gritaba pero no los golpeaba con el látigo, a nosotros nos propinó algún azote pero lo peor vino después.
Trabajábamos lo más deprisa que podíamos, los pies y las manos se llenaban de ampollas, pero le parecía poco, así que nos ganamos todas las papeletas para recibir un cruel castigo.
El terrible sol del mediodía marcó el final de la jornada y al toque de una campana cesó toda actividad en la obra.
Pero ahora vendría otro calvario.
Nos pusieron firmes a todos los esclavos siendo llamados al centro del patio los que a juicio del cruel capataz merecían un castigo, en la lista había un joven de unos diecinueve años una mujer de mediana edad y Silvia.
Fueron según su ley a ser violados y posteriormente azotados por los diez mejores trabajadores de la jornada y entre ellos inexplicablemente estaba yo.
Le correspondió primero a la mujer a la que le fueron arrancados los harapos que vestía y sistemáticamente la penetramos de tres en tres por todos los orificios de su cuerpo, cuando le correspondió a Silvia no tuve más remedio que violarla salvajemente temiéndome que si no lo hacía tomarían represalias contra los dos.
Luego manchados de sudor, sangre y lágrimas fueron encadenadas a unos postes y azotados en sus espaldas y nalgas duramente. Pregunté a un trabajador que hablaba mi idioma que cuantos azotes recibirían y este me dijo que dependiendo de la resistencia de los reos de quince a cincuenta.

tumblr_nad1bcQSAQ1tj3g96o1_400Les fueron administrados tandas de diez trallazos, uno a uno, los reos gritaban y eso ponía al verdugo mas excitado, en la segunda tanda se iban desmayando. Intentaron reanimarles pero el capataz consideró que era suficiente así que procedieron a darnos el rancho.
Terminamos de comer y nos acercamos a los reos, Silvia tenia gruesas marcas por todo su cuerpo, el látigo al romper sobre su espalda y las nalgas había mordido sus senos los muslos y el vientre produciéndole numerosas laceraciones y heridas que tardarían varios días en curar pero estaba tranquila su resistencia física y mental era extraordinaria. Entendí que no la doblegarían, estaba dispuesta a aguantar lo indecible.
Nos llevaron otra vez a nuestro encierro trajeron el rancho para Silvia y me ordenaron que la limpiara las heridas. Comió pausadamente y luego se dejo mimar, yo pasaba suavemente la esponja por los surcos que había dejado el cuero en su espalda comprobando su alivio por momentos.
Después de lavarla la cubrí de besos por todo su esbelto cuerpo. Cuando llegué a su botoncito le apliqué unos suaves toques y la penetré profundamente. Toda la tensión de la jornada se diluyó en un prolongado orgasmo que nos llevó a un profundo y placentero descanso.

Continuará

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Relato escrito y publicado por efe en Enero 2001

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El reto de Silvia II


Antonio Grall que además de gran artista, nos ha regalo muchos momentos inolvidables dentro de nuestra mundo BDSM.

Antonio Graell que además de ser un gran artista, nos ha regalado muchos momentos inolvidables dentro de nuestro mundo BDSM.

Capítulo II

Pasan unos minutos después de aterrizar. Vemos  como Dina la secretaria de D. Arturo retira la lona que cubre la jaula, la abre y nos manda salir. Nos dan nuestra ropa, nos quitan los grilletes de los tobillos y nos disponemos a bajar del avión.
Pronto adivináremos que estamos en un aeródromo en pleno desierto, quizá en un país árabe, subimos a un camión y después de dos horas, atravesamos una ciudad para llegar a un monumental palacio . El vehículo se detiene frente a los que son las cuadras, nos ordenan bajar, así lo hacemos, para pronto estar otra vez con nuestra guardiana.
Nos han desnudado de nuevo quedándonos descalzos sobre la arena ardiente. Dina nos dice que antes de llevarnos hasta nuestro anfitrión primero propinará una tanda de latigazos a Silvia para marcarla. Esta le escucha y resignada se presta a ser encadenada en dos postes.
Yo tengo miedo que Silvia se derrumbe, el primer latigazo rompe en sus senos, lo recibe tranquila, al tercero lanza un gemido de dolor y se prepara para recibir el próximo golpe.
Los latigazos van de su pecho izquierdo al derecho, el dolor de la flagelación debe ser horrible yo he contado diez trallazos hasta que se desmaya. Dina se detiene entonces y decide reanimarla, para ello la echa un balde de agua sobre el rostro.
Silvia se despierta bruscamente y sollozando la pide que no la azote mas. Sus pechos están marcados con unos profundos surcos sanguinolentos con moratones a lo largo de todo el busto. Dina la mira y le dice que no es para tanto, que se recupere porque luego vendrá a por nosotros.
Nos deja atados uno frente al otro y se marcha. Yo la contemplo y no puedo reprimir las lágrimas, ella me mira y me dice.
Yo deseo vivir esta situación y además hago sufrir también a mis esclavos a menudo, no importándome si les proporciono dolor, así que esto me servirá de experiencia.
Contemplo su rostro empapado por el sudor y lágrimas que mezclado con el polvo del ambiente lo han obscurecido. Está tranquila y noto su aliento cálido cerca, siento que la amo con locura y su sufrimiento la hace aún más hermosa.
Me mira, me sonríe tiernamente diciéndome eres mío mi amor. Te quiero….
Pasan unos minutos se abre la puerta de la estancia entrando esta vez un hombre. Este es un árabe alto y fornido de mediana edad con una espesa barba y lleva el torso desnudo. Llena de nuevo el balde toma una esponja y limpia las heridas del pecho de Silvia se entretiene en hacerlo pero no osa tocarla ni menos aprovecharse de ella. En ese trance entra Dina lo observa y exclama todavía no Mohamed. Don Arturo tiene previsto cuando se canse de estos perros dejárselos a los criados.
Por fin el árabe termina de limpiar el pecho de Silvia y es entonces cuando nos van a llevar ante Don Arturo. Salimos del barracón y nos conducen a una estancia noble del palacio, vamos encadenados por los tobillos y muñecas por lo que andar nos cuesta más tiempo de lo normal, pero pronto estamos delante de él.
Es un hombre relativamente joven, le calculo unos treinta y cinco años, delgado, muy apuesto, viste una chilaba azul celeste. Esta sentado en un trono, le flanquean dos jóvenes semidesnudas que por su aspecto parecen culturistas.
¡Hola querida! Exclama gozosamente. Para puntualizar serenamente.
¿Estás a tiempo de perder tu apuesta? Y permanecer como mi invitada de honor….
¿Que me contestas?.
Jamás me rendiré querido amigo. Hasta las doce horas del décimo día de mi estancia aquí mi esclavo y Yo misma seremos suyos.
Muy bien primero violaré al esclavo y después continuaré contigo. Acto seguido era atado a un caballete con las nalgas bien altas y expuesto para ser enculado.
Don Arturo se quitó la chilaba mostrando un cuerpo muy bien formado, luciendo un pene superdotado. A una seña de este las jóvenes derribaron a Silvia y la hicieron que lamiera el pene de su amo, Ella empezó suavemente pero el empujaba salvajemente hasta llegar al fondo de su garganta.
Mi ama luchaba por respirar pero ese montón de carne se lo impedía. Riéndose la sacó bruscamente. Exclamando todavía no puta.
A continuación fue hacia mí, me contempló unos segundos y sin mediar palabra me folló salvajemente. Me producía un daño excesivo pero seguía empujando sin miramiento, hasta que sus jugos inundaron mis entrañas al tiempo que transformaba mi dolor en placer.
Mientras las dos jóvenes culturistas se entretenían en encadenar a Silvia a una mesa de madera donde su Amo la penetrará cruelmente por todos los orificios de su cuerpo.
Después de ser violados salvajemente por Don Arturo fuimos llevados de nuevo a las cuadras,  donde fuimos entregados ar los criados. Más tarde nos dieron de comer y desnudos y encadenados sobre un lecho de paja pasaríamos nuestra primera noche en el castillo.

Continuará
Relato escrito y publicado por efe en Enero 2001


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El reto de Silvia


cena

El Reto de Silvia.
Capítulo I

Jueves por la noche Silvia ha montado una sensual mesa con velas y un hermoso centro de flores. Estoy en la terraza de su ático. Brilla una hermosa luna llena con una ligera brisa que me produce en el rostro una agradable sensación.
Silvia me ha telefoneado en la mañana para citarme a cenar pidiéndome que acuda vestido de gala. Llego antes que ella a su casa, encontrándome una nota donde me explica que estará lista sobre las diez treinta, mientras tanto me anima a esperarla tomando una copa en la terraza.
Acudo enfundado en un traje oscuro, conjuntado con una camisa blanca y anudado un lazo azul. Entro en el apartamento. Me miro en el espejo de la sala y compruebo que estoy realmente atractivo.
Sentado en la mesa de la terraza me dispongo a servirme un Martini mientras contemplo el mágico firmamento que contrasta con el tráfico de la ciudad. Pasan unos minutos y aparece Silvia. Me da un vuelco el corazón. Es la mujer más hermosa que he conocido.
Viste un ceñido traje de terciopelo negro con un elegante lazo anudado por atrás. Su generoso escote destaca el nacimiento de unos hermosos senos que no se llegan a ver y donde un colgante con una esmeralda verde realza su hermoso busto. El cabello rubio se recoge en un elegante moño contrastando con la piel bronceada de su rostro que apenas precisa maquillaje. Calza unos elegantes zapatos de salón negros que realzan su imponente figura.
Se acerca a mí. Me levanto de la silla y ella me da un suave beso en los labios. Preguntándome. ¿Estoy guapa?… Yo reacciono contestándola ¡Como una Diosa!…
Ella me sonríe y exclama. ¡Te creo! Tú también me gustas. Creo que estamos geniales. Nos sentamos y empezamos a cenar Silvia sirve unas ostras mientras descorcho una botella de cava. Parpadean las velas en la romántica noche. Me levanto para servir del buffet una ternera fría acompañada de una ensalada.
Silvia me comenta que ha preferido conservar la intimidad y le ha dicho a la chica de servicio que nos serviríamos nosotros la cena. Yo la doy la razón y vuelvo a llenar las copas brindando por nuestro amor.
Después de degustar las deliciosas viandas nos servimos el café y nos disponemos a paladear una copa de un viejo brandi.
Entonces me tiende su mano y se dispone a hablar. El motivo de esta cena en la intimidad, es que quiero que vivamos una experiencia nueva estando segura que nos hará más fuertes y consolidará nuestro amor.
En un tono de voz firme pero suavemente melodioso empieza a explicarme que pasaremos unos días con Don Arturo. Continúa aclarándome que este Señor es un millonario cliente suyo que le ha propuesto que seamos sus esclavos durante unos días. Retándola a que ella no lo resistirá.
El premio será un Mercedes deportivo último modelo que es el capricho del millonario. Yo la escucho atónito. Me responde que ese auto está fabricado expresamente para él. Ella sabe que si le vence le dará una ejemplar lección de humildad.
La digo que estoy de acuerdo y que haré lo que me ordene. Nos fundimos en un abrazo  besándonos ardientemente para terminar haciendo el amor a la luz de una luna hermosa.
Suena el despertador a las siete y treinta, nos levantamos y desayunamos. Después de la ducha Silvia abre un sobre y lee las instrucciones que la secretaria de Don Arturo la entregó ayer. Debemos ponernos pantalones cortos sin ropa interior camisetas ceñidas y sandalias. Nada de maquillaje en el caso de Silvia y sin equipaje .A las ocho y treinta de la mañana nos recogerá ella para ir al aeropuerto.
Seguimos las normas al pie de la letra y preparados esperamos a que nos recojan. Suena el timbre me dirijo al teléfono interior y una autoritaria voz femenina me dice que le abra la puerta para comprobar que hemos cumplido las ordenes.
Llama a la puerta, la abro y sin dar explicaciones entra en el apartamento. Es una mujer de unos treinta años, de complexión atlética, cabellos rubios y relativamente guapa. Viste con pantalones, calza zapatos altos y no parece simpática. Mirándonos despectivamente se dirige a Silvia, la observa y le da un pellizco en un pezón para comprobar que no lleva sostén Silvia emite un gemido y esta le propina una bofetada que la hace saltar las lágrimas. Sería su primer día como una vulgar esclava.
Bajamos a la calle nos subimos a la caja cerrada de una furgoneta y esta arranca. A los pocos minutos estamos en el aeropuerto, cumplimos los trámites de embarque y pronto estamos en el avión privado de Don Arturo. Vemos a los pilotos, que no nos saludan y entramos a la cabina. Una azafata nos manda desnudarnos para Dina nuestra guardiana ponernos grilletes en los tobillos y muñecas, así como un grueso collar de cuero. Acto seguido somos introducidos en una jaula de reducidas dimensiones tapándonos con una gruesa lona. Así emprenderemos el vuelo a un destino no conocido.
Nos han dado pan y agua en un recipiente, siendo este el único alimento que hemos tomado durante el viaje. No conociendo el destino calculamos que llevaremos unas diez horas de vuelo. Por fin sentimos que el aparato ha aterrizado.

Continuará

Relato escrito y publicado por efe Enero 2001

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Sentidos


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Sentidos

Devoras mis pezones con avidez,
degustando mi dolor.
Siento como tus finas uñas rotulan mi piel.
Bebes mis lágrimas con pasión,
hasta fundirte en un abrazo.
Sintiendo como te abres para mí.
Penetro dentro de ti.
Derramando mi semen,
una sacudida nos lleva al cielo.
Impregnado de tu olor,
cierro los ojos y me abandono.

efe

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